TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 30 de abril de 2024

MARS INCA CITY: ¿Una curiosa formación “natural” en el Planeta Rojo?

Una nave espacial europea que orbita Marte ha adquirido algunas de las imágenes más detalladas hasta el momento de una región en el polo sur del Planeta Rojo conocida como "Ciudad Inca". Cómo este misterioso lugar se ganó su apodo es bastante obvio: desde el espacio, el patrón en forma de cuadrícula de crestas rectas, ángulos rectos y polígonos se parece a las ruinas de Machu Picchu en el Perú. Aunque la nave espacial Mariner 9 de la NASA descubrió esta área (más formalmente conocida como Angustus Labyrinthus) hace 50 años, los científicos planetarios aún no están seguros de qué fenómeno impulsó su formación. "Podría ser que las dunas de arena se hayan convertido en piedra con el tiempo", según la Agencia Espacial Europea, que dirige el orbitador Mars Express. "Quizás material como magma o arena se esté filtrando a través de láminas fracturadas de roca marciana". O, en otra posible teoría, las crestas podrían ser estructuras sinuosas relacionadas con los glaciares, dijo la agencia. El Centro Aeroespacial Alemán, cuya cámara estéreo de alta resolución tomó las fotografías, cree que la explicación más “convincente” es que las estrechas crestas son “lava solidificada”. Las características que se asemejan a paredes parecen trazar parte de un círculo de 53 millas de ancho. Los científicos piensan que tal vez la "ciudad" se asienta en un gran cráter resultante de una antigua colisión de asteroides. El impacto puede haber provocado que las fallas se extendieran por la llanura circundante, llenas de magma burbujeando. "Más tarde, el material más blando que rodeaba las llanuras polares se erosionó, dejando atrás crestas de los componentes más duros de la roca magmática", dijo el Centro Aeroespacial Alemán. Mars Express ha enseñado mucho a los científicos sobre el Planeta Rojo durante los últimos 20 años. La nave espacial ha estado observando la superficie marciana, mapeando sus minerales, revelando su composición y otros aspectos de su entorno. Las nuevas fotografías también encontraron recientemente indicios de formaciones de “arañas” esparcidas por la región polar, características que los investigadores comprenden mejor que la Ciudad Inca. Las manchas oscuras que se ven en la imagen de abajo son "arañas" enterradas, o el llamado terreno araneiforme. Las “arañas” tienden a emerger cuando la luz del sol primaveral brilla sobre las capas de dióxido de carbono depositadas durante el oscuro invierno. El sol hace que el hielo seco atrapado debajo de la capa de hielo se convierta en gas, que eventualmente rompe el hielo. Estas “arañas” de hielo se encuentran justo fuera de la región capturada en las nuevas imágenes de Mars Express. El Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA también ha fotografiado repetidamente a las “arañas”. "El gas que emerge, cargado de polvo oscuro, se dispara a través de las grietas del hielo en forma de altas fuentes o géiseres, antes de volver a caer y posarse en la superficie", según la ESA. Los géiseres forman manchas de entre 50 yardas y media milla de ancho. Estos patrones, vistos debajo del hielo, fotografiados recientemente por Mars Express, son una señal de que eventualmente aparecerán "arañas". Los científicos creen que este proceso, que no ocurre en la Tierra, es un mecanismo clave para el intercambio de dióxido de carbono, entre el casquete polar y la atmósfera marciana. Es curioso que las agencias espaciales insistan que esas extrañas formaciones así como las “arañas” sean de origen “natural” cuando a primera vista no lo son y más aún, no saben explicar porque no ocurre ese fenómeno en la Tierra ¿Qué nos tratan de ocultar?

martes, 23 de abril de 2024

EL DISCO COLGANTE MOCHICA: ¿Una representación de la galaxia de hace 2.000 años?

Este artefacto ha sido denominado “Disco Colgante” y fue elaborado por antiguos orfebres del reino Mochica hace 2.000 años en el actual territorio del norte de Perú. También se le conoce como “Disco Galáctico” por su impresionante parecido a la galaxia Vía Láctea. Al verlo, uno se pregunta: ¿Tuvieron los Mochica conocimientos astronómicos tan avanzados como lo que sugiere el Disco? El profundo conocimiento astronómico de los antiguos continúa asombrando a los científicos modernos. Algunas de las pinturas rupestres más antiguas del mundo revelan que tenían conocimientos avanzados de astronomía. Muchas de esas civilizaciones estudiaron los cielos e hicieron calendarios solares y lunares notablemente precisos, y el arte rupestre que se encuentra en toda Europa no son simplemente representaciones de animales salvajes como se pensaba anteriormente, los símbolos de animales representaban constelaciones de estrellas y se usaban para registrar fechas y eventos como el paso de cometas. El Disco Colgante es uno de esos objetos que forman parte de una vasta lista de artefactos antiguos de los que la humanidad aún no ha descubierto su origen y propósito. El artefacto forma parte de la colección del Museo Rafael Larco Herrera en Lima, y en realidad es un disco con una especie de “agujero negro” en su centro y su fecha de creación se estima en al menos 2.000 años. Se cree que el disco fue creado por los Mochica, una civilización anterior a los Incas que gobernó la costa norte de Perú entre los siglos I y VIII, y eran conocidos por sus complejos sistemas de riego en el desierto y construcciones de pirámides de adobe y, como muchas culturas antiguas usaba la religión para unificar la sociedad. Los arqueólogos han desenterrado muchos artefactos fascinantes pertenecientes a dicha cultura, pero ninguno de ellos se parece a este peculiar disco, lo que lleva a la creencia de que este extraño objeto, que nunca ha sido fechado por radiocarbono, puede ser mucho más antiguo de lo que se pensaba o, como sugieren los teóricos de los antiguos astronautas, el Disco Colgante puede que ni siquiera sea un objeto terrestre. Es tan misterioso que ni siquiera los astrónomos han podido verificar si realmente hay una galaxia representada en el objeto. Sin embargo, teniendo en cuenta que existen registros de estudios avanzados de astronomía en la antigüedad, el disco debió tener una función importante para los estudiosos de su época. A pesar de las similitudes, el modelo conocido de la Vía Láctea tiene dos brazos espirales principales, Perseo y Scutum-Centaurus, y dos más pequeños, Sagitario y Orión, que es donde nos ubicamos, pero el número de brazos del Disco Colgante no se corresponde con los brazos de nuestra galaxia, lo que sugiere que si el antiguo disco peruano es de hecho una representación de una galaxia espiral, entonces no es la Vía Láctea. Pero, coincidencia o no, un pequeño punto resaltado, cerca del borde del artefacto, se refiere a la ubicación de nuestro Sistema Solar en la Vía Láctea. Algunas teorías sugieren que el modelo actual de nuestra galaxia podría estar equivocado, o al menos incompleto, mientras que otras teorías sugieren que el Disco Colgante podría ser un mapa estelar que representa la galaxia de origen de una civilización extraterrestre que habría visitado nuestro planeta hace muchos milenios. Hasta la fecha, el origen y el propósito del Disco Colgante siguen siendo desconocidos, pero este no es ni el primero ni el último de los intrigantes artefactos de un pasado distante que se remontan a niveles avanzados de conocimiento o dispositivos de alta tecnología mucho más allá de su tiempo.

martes, 16 de abril de 2024

¿CUALES SON LOS LÍMITES DEL UNIVERSO?: Lugares que nunca podremos alcanzar

Durante la década de 1920 existía un acalorado debate entre los astrónomos acerca del tamaño del universo y de la naturaleza de las llamadas nebulosas, objetos difusos de los que existían varios miles catalogados. Algunos científicos defendían que eran objetos gaseosos situados dentro de nuestra galaxia y que esta era todo el universo, mientras que otros defendían que eran sistemas estelares similares a la Vía Láctea, “universos islas”, que se veían difusos por su lejanía. El debate se zanjó gracias a Edwin Hubble que, usando la relación obtenida por Henrietta Swan Leavitt, midió la distancia a la nebulosa de Andrómeda, la única visible a simple vista desde el hemisferio norte. El valor obtenido por Hubble era mucho mayor que el tamaño de la Vía Láctea, lo que demostraba la existencia de otras galaxias y aumentaba, de manera dramática, el tamaño del universo. Como sabéis, es común referirse a distancias astronómicas en años luz. Un año luz es la distancia que la luz recorre en un año, aproximadamente 9.000.000 millones de kilómetros. El diámetro de la Vía Láctea es de 900.000 billones de kilómetros y la distancia a Andrómeda de 22.500.000 billones de kilómetros. Estas distancias son enormes, a pesar de que Andrómeda es parte del grupo de galaxias que llamamos el grupo local, es decir, nuestro vecindario. Lo cierto es que el universo es tan grande que no podemos verlo en su totalidad, porque en sus 13.800 millones de años de vida, hay regiones cuya luz no ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros. El universo que sí podemos ver, el universo conocido, es una esfera cuyo radio marca la distancia entre las regiones que emitieron la radiación que hoy observamos como radiación de fondo cósmico de microondas y Durante la década de 1920 existía un acalorado debate entre los astrónomos acerca del tamaño del universo y de la naturaleza de las llamadas nebulosas, objetos difusos de los que existían varios miles catalogados. Algunos científicos defendían que eran objetos gaseosos situados dentro de nuestra galaxia y que esta era todo el universo, mientras que otros defendían que eran sistemas estelares similares a la Vía Láctea, “universos islas”, que se veían difusos por su lejanía. El debate se zanjó gracias a Edwin Hubble que, usando la relación obtenida por Henrietta Swan Leavitt, midió la distancia a la nebulosa de Andrómeda, la única visible a simple vista desde el hemisferio norte. El valor obtenido por Hubble era mucho mayor que el tamaño de la Vía Láctea, lo que demostraba la existencia de otras galaxias y aumentaba, de manera dramática, el tamaño del universo. Como sabéis, es común referirse a distancias astronómicas en años luz. Un año luz es la distancia que la luz recorre en un año, aproximadamente 9.000.000 millones de kilómetros. El diámetro de la Vía Láctea es de 900.000 billones de kilómetros y la distancia a Andrómeda de 22.500.000 billones de kilómetros. Estas distancias son enormes, a pesar de que Andrómeda es parte del grupo de galaxias que llamamos el grupo local, es decir, nuestro vecindario. Lo cierto es que el universo es tan grande que no podemos verlo en su totalidad, porque en sus 13.800 millones de años de vida, hay regiones cuya luz no ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros. El universo que sí podemos ver, el universo conocido, es una esfera cuyo radio marca la distancia entre las regiones que emitieron la radiación que hoy observamos como radiación de fondo cósmico de microondas y nuestro planeta. Si el universo fuera estático, esta frontera, lo que llamamos horizonte de partículas, estaría a 13.800 millones de años luz. Sin embargo, se encuentra a una distancia mucho mayor, 46.000 millones de años luz. La razón es que el universo se está expandiendo, algo que también nos mostró Hubble en el artículo Relación entre distancia y velocidad radial en las nebulosas extragalácticas, publicado en 1929. El título, desde luego, no es nada sugerente para las implicaciones cosmológicas del resultado, pero sí es informativo. Hubble había medido cuidadosamente las velocidades y distancias de una muestra de galaxias, mostrando que estas se alejan de nosotros en todas las direcciones y que lo hacen más rápido cuanto más lejos están. Hubble fue muy cauto en sus conclusiones, pero las implicaciones eran claras. Hacía tan solo cinco años que el trabajo de este científico había expandido de manera dramática el tamaño del universo y ahora expandía el universo en sí. Para ilustrar como el resultado implica un universo en expansión, se suele usar el ejemplo de un bizcocho con nueces. Cuando lo metemos en el horno y empieza a crecer, todas las nueces ven al resto alejarse. Cuando el bizcocho dobla su tamaño, dos nueces separadas inicialmente un centímetro estarán a dos de distancia, mientras que las que estaban separadas tres, estarán separadas seis. Es decir, durante el mismo tiempo, la distancia entre las nueces más lejanas habrá aumentado tres veces más que la distancia entre las más cercanas, es decir, se habrán alejado tres veces más rápido. La radiación de fondo fue emitida en las primeras etapas del universo, pero su luz ha estado viajando por un universo en expansión unos 13.800 años hasta poder, finalmente, alcanzarnos. Sin embargo, esas regiones han seguido alejándose durante todo este tiempo y las manchas que vemos en la radiación de fondo han evolucionado para convertirse en galaxias y grupos de galaxias similares a las que nos rodean. Si pudiéramos detener la expansión del universo en este instante, necesitaríamos 46.000 millones de años más para que la luz de estas galaxias pudiera alcanzarnos. Sin embargo, no podemos detener la expansión del universo, y nunca podremos ver las galaxias en las que se han convertido estas manchas que vemos en la radiación de fondo, no importa cuánto tiempo esperemos. Esto es debido a que estas regiones se alejan de nosotros a velocidades mayores que las de la luz, por lo que la luz, por mucho que se esfuerce, nunca podrá cubrir la distancia que las separa de nosotros. En este sentido, el horizonte de partículas, el universo conocido, marca el límite visible del pasado del universo, pero no el universo con el que podemos interaccionar. Hace unos meses atrás veíamos, en imágenes obtenidas con el James Webb Space Telescope, galaxias cuya luz pudo haber sido emitida hace 13.500 millones de años. Galaxias recién formadas, habitando un universo bebé de apenas 300.000 años de edad. Estas imágenes son, de alguna manera, imágenes de galaxias fantasmas, que ahora mismo están en una región del universo con la que nunca podremos interactuar, ¿podemos decir entonces que forman parte de nuestro universo? Definamos entonces el límite del universo con el que podemos interaccionar. Dentro de este límite, y siempre que dispongamos de tiempo suficiente, todavía podemos recibir la luz que las galaxias emiten ahora. Esta es la región del universo cuya velocidad de expansión está por debajo de la velocidad de la luz y su frontera se encuentra a 16.000 millones de años luz. Esta frontera se denomina horizonte de sucesos, por analogía con el horizonte de eventos de un agujero negro y marca el límite del universo con el cual podemos intercambiar información. La triste noticia es que si los modelos más aceptados del universo son correctos, el número de galaxias que podremos ver en el futuro se irá reduciendo, hasta que llegue un momento en el que todo desaparezca de nuestra vista. Bueno, quizá no todo, porque no todas las regiones del universo se están expandiendo. Al igual que las nueces de nuestro bizcocho, las galaxias no se expanden, ni la tierra, ni los árboles, ni nosotros. El grupo local en el que nos encontramos no se está expandiendo y, de hecho, la galaxia de Andrómeda se está acercando a nosotros atraída por la gravedad. Sin embargo, esta gravedad hará que todas las galaxias que no se alejan, se acaban acercando más y más, hasta fusionarse en una sola, que será la única que podrán observar los astrónomos que la habiten. Ellos no podrán medir las velocidades o las distancias de otras galaxias para saber que el universo se expande y, lo más probable es que vuelvan a pensar, como los astrónomos del siglo XIX, que el universo consiste en una única galaxia, la suya.nuestro planeta. Si el universo fuera estático, esta frontera, lo que llamamos horizonte de partículas, estaría a 13.800 millones de años luz. Sin embargo, se encuentra a una distancia mucho mayor, 46.000 millones de años luz. La razón es que el universo se está expandiendo, algo que también nos mostró Hubble en el artículo Relación entre distancia y velocidad radial en las nebulosas extragalácticas, publicado en 1929. El título, desde luego, no es nada sugerente para las implicaciones cosmológicas del resultado, pero sí es informativo. Hubble había medido cuidadosamente las velocidades y distancias de una muestra de galaxias, mostrando que estas se alejan de nosotros en todas las direcciones y que lo hacen más rápido cuanto más lejos están. Hubble fue muy cauto en sus conclusiones, pero las implicaciones eran claras. Hacía tan solo cinco años que el trabajo de este científico había expandido de manera dramática el tamaño del universo y ahora expandía el universo en sí. Para ilustrar como el resultado implica un universo en expansión, se suele usar el ejemplo de un bizcocho con nueces. Cuando lo metemos en el horno y empieza a crecer, todas las nueces ven al resto alejarse. Cuando el bizcocho dobla su tamaño, dos nueces separadas inicialmente un centímetro estarán a dos de distancia, mientras que las que estaban separadas tres, estarán separadas seis. Es decir, durante el mismo tiempo, la distancia entre las nueces más lejanas habrá aumentado tres veces más que la distancia entre las más cercanas, es decir, se habrán alejado tres veces más rápido. La radiación de fondo fue emitida en las primeras etapas del universo, pero su luz ha estado viajando por un universo en expansión unos 13.800 años hasta poder, finalmente, alcanzarnos. Sin embargo, esas regiones han seguido alejándose durante todo este tiempo y las manchas que vemos en la radiación de fondo han evolucionado para convertirse en galaxias y grupos de galaxias similares a las que nos rodean. Si pudiéramos detener la expansión del universo en este instante, necesitaríamos 46.000 millones de años más para que la luz de estas galaxias pudiera alcanzarnos. Sin embargo, no podemos detener la expansión del universo, y nunca podremos ver las galaxias en las que se han convertido estas manchas que vemos en la radiación de fondo, no importa cuánto tiempo esperemos. Esto es debido a que estas regiones se alejan de nosotros a velocidades mayores que las de la luz, por lo que la luz, por mucho que se esfuerce, nunca podrá cubrir la distancia que las separa de nosotros. En este sentido, el horizonte de partículas, el universo conocido, marca el límite visible del pasado del universo, pero no el universo con el que podemos interaccionar. Hace unos meses atrás veíamos, en imágenes obtenidas con el James Webb Space Telescope, galaxias cuya luz pudo haber sido emitida hace 13.500 millones de años. Galaxias recién formadas, habitando un universo bebé de apenas 300.000 años de edad. Estas imágenes son, de alguna manera, imágenes de galaxias fantasmas, que ahora mismo están en una región del universo con la que nunca podremos interactuar, ¿podemos decir entonces que forman parte de nuestro universo? Definamos entonces el límite del universo con el que podemos interaccionar. Dentro de este límite, y siempre que dispongamos de tiempo suficiente, todavía podemos recibir la luz que las galaxias emiten ahora. Esta es la región del universo cuya velocidad de expansión está por debajo de la velocidad de la luz y su frontera se encuentra a 16.000 millones de años luz. Esta frontera se denomina horizonte de sucesos, por analogía con el horizonte de eventos de un agujero negro y marca el límite del universo con el cual podemos intercambiar información. La triste noticia es que si los modelos más aceptados del universo son correctos, el número de galaxias que podremos ver en el futuro se irá reduciendo, hasta que llegue un momento en el que todo desaparezca de nuestra vista. Bueno, quizá no todo, porque no todas las regiones del universo se están expandiendo. Al igual que las nueces de nuestro bizcocho, las galaxias no se expanden, ni la tierra, ni los árboles, ni nosotros. El grupo local en el que nos encontramos no se está expandiendo y, de hecho, la galaxia de Andrómeda se está acercando a nosotros atraída por la gravedad. Sin embargo, esta gravedad hará que todas las galaxias que no se alejan, se acaban acercando más y más, hasta fusionarse en una sola, que será la única que podrán observar los astrónomos que la habiten. Ellos no podrán medir las velocidades o las distancias de otras galaxias para saber que el universo se expande y, lo más probable es que vuelvan a pensar, como los astrónomos del siglo XIX, que el universo consiste en una única galaxia, la suya.

martes, 9 de abril de 2024

EL REINO PERDIDO DEL PAITITI: Una búsqueda infructuosa a través de la historia

Para los escépticos, el reino perdido del Paititi no es más que una fantasía, un refugio psicológico de los antiguos cusqueños para depositar la frustración de su derrota. Sin embargo hay otros que no descartan la posibilidad de su existencia real, aportando evidencia tras largos viajes de exploración. El reino del Paititi habría sido un conjunto de ciudades conectadas a la red de túneles andinos, que habrían servido como último refugio a los supervivientes del imperio incaico, cuyo origen se remontaría a la noche de los tiempos. En el Paititi, según el relato de los ancianos de los Andes, vive el Inca Rey soberano Intipchurrin (hijo del Sol) quien hasta hoy reina en silencio, preparándose para restaurar el interrumpido orden del universo. Aquel lugar era la última avanzada que alcanzaron cien años antes de la llegada europea, los ejércitos imperiales del inca Túpac Yupanqui. La difícil geografía y la resistencia de las tribus del lugar llevaron al inca a un tratado con el gran padre (Yaya) señor del Paititi. En memoria de tal acuerdo se erigió una ciudad en la meseta del Pantiacolla, conectada con Paucartambo por siete depósitos de aprovisionamiento (tambos). Al pie de la ciudad se habría construido una laguna negra y cuadrada de la que partía un camino de lajas que la conectaba con ella. La ciudad se encontraba en la naciente de un río que caía hacia un abismo, dando lugar a una exótica cascada. La montaña estaba atravesada de un lado a otro por profundas cavernas con múltiples ramificaciones. Este laberinto formaba parte de lo que los lugareños reconocían como un santuario, por cuanto se veía salir del interior de las grutas a unos hombres muy altos vestidos con túnicas blancas, los primeros guardianes llamados Paco-Pacuris, supervivientes de una civilización altamente desarrollada que se habría extendido en el pasado por toda la región amazónica desde la vertiente de la cordillera oriental hasta la confluencia de los ríos Madre de Dios y Beni en Bolivia, y que habría sido arrasada por una inundación provocada por las ultimas deglaciaciones. La ciudad construida se llamó Paiquinquin Qosqo, que significa la ciudad gemela al Cuzco, y se encontraba al final de un cañón recóndito, en un valle en forma de cono volcánico y con un microclima propio. Según el misionero Francisco de Cale (1686), al Paititi se llega tras 5 días de marcha desde el Cuzco. La gran serpiente Amarumayo, antiguo nombre del río Madre de Dios, se interna en una región temida por los quechuas. Este ofidio imaginario de proporciones descomunales era un dios, cuyo cauce se alimenta de una decena de ríos. Apucantiti es la última gran montaña desde la cual se divisa todo. Aquí empieza el legendario valle prohibido de la luna azul, refugio de los Amaru u hombres serpiente, que emigraron hace más de 500 años, al derrumbarse el imperio del sol. Culturalmente esta región es uno de los países fabulosos de América que incitaron la codicia de los conquistadores. Es así que en su búsqueda salió del Cuzco a mediados del s. XVI la primera expedición española, jefaturada por Francisco de Aquino terminando con muy malos resultados. En 1588 hay otro intento a cargo del hispano Juan Álvarez de Maldonado teniendo un triste final. Al poco tiempo se descubre en la selva cuzqueña, parte de la ciudad incaica de Vilcabamba “La Grande” o la “Gran Vilcabamba”, incendiada y abandonada. Es interesante comprobar el título de “Gran” que se le da a este espacio geográfico, cabiendo la posibilidad que ello responda a una influencia posterior y masónica del s. XVIII. Recordemos que en esta ciudad de piedra se ubicaron doscientos años antes los últimos cuatro Incas, y que la historia los califica como los Incas de Vilcabamba, “rebeldes” ante su decidida actitud contra la invasión española. Ella duro un periodo de casi 70 años, comenzando por Manco Inca quien ataco y resistió durante cuarenta años, continuando su hijo Sayri Túpac quien firmó un tratado de paz en 1561. Esto quedo desconocido a su muerte por su sucesor Titu Cusi Yupanqui, siguiendo la lucha Túpac Amaru I hasta que fuera capturado y decapitado en el Cuzco en 1572. De estos momentos es el reconocido cronista Juan de Betanzos, designado parlamentario por los capitanes españoles antes los Incas de Vilcabamba. Este, según Raúl Porras Barrenechea traslado casi literalmente los cantares épicos del Tahuwantisuyo en su texto Suma y Narración de los Incas (Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial). Al respecto, en 1987 la perseverante historiadora española Maria del Carmen Martín Rubio, en unos muy antiguos archivos de la isla de Mallorca encontró un manuscrito de Betanzos del año 1572, en que precisamente describió la Vílcabamba que conoció. Conviene anotar que en Mallorca hay una vieja provincia y villa llamada “Inca”. Sobre el particular recientemente el arqueólogo peruano Mario Polia con más de treinta años estudiando las civilizaciones pre-hispánicas del Perú, halló en el Vaticano antiguos documentos de sacerdotes misioneros jesuitas que aseguraban haberse relacionado en el s. XVI con gente aborigen de la región del Paititi. Durante el s. XVII el Gran Paititi pasara desapercibido. A mediados de los años 1700 resurgirán nuevamente comentarios de su existencia, sobre todo en el Cuzco. Así cuando la rebelión del mes de mayo del año 1742, en la ceja de selva central y que lidera Juan Santos Atahualpa (de quien se cree tuvo influencia masónica), se sabía “que un primo hermano suyo estaba reinando en el Gran Paitití”, conforme lo trascribe el Dr. Franklin Pease García Irígoyen en su excelente trabajo Antecedentes Mesiánicos al Alzamiento de Túpac Amaru II. En los tiempos siguientes, sobre todo en el s. XIX el Gran Paititi es relacionado con “El Dorado” bajo la visión de encontrar tesoros, lo que atrajo nuevas expediciones. Así, el norteamericano Hiran Bingham por encargo de la National Geographic Society, encontró Machu Picchu cuando estaba buscando el Paititi. En esa misma dirección en 1921, el sacerdote Vicente Cenita Goya, en la selva de Pusharo-Cuzco y en zona “machiguenga” descubrió petroglifos inscritos sobre una inmensa roca de 11 metros de largo y por dos de ancho, sustentando ser “vestigios de una civilización de la que no se tenía noticia”. Fue en esta zona y al año siguiente donde el coronel inglés Percy Fawcett y su hijo Jack, fueron asesinados por los selváticos al pretender ingresar a ella. Cabe precisar que detrás del Santuario Mayor del gran templo inca del Coricancha (templo del Sol), existe una entrada llamada de la gran Chingana, que es un túnel que comunica el santuario con la fortaleza de Sacsayhuamán, situada en las alturas del Cuzco y construida con piedras de varias toneladas. Este túnel fue usado en el siglo XVI, durante la invasión española - que se sumó a la guerra fratricida el Inca Huáscar y el bastardo Atahualpa por el imperio incaico - cuando el príncipe Inca Choque Auqui (Príncipe Dorado) abandono en medio de aquella crisis, el palacio de Amarucancha llevándose la momia de su padre Huayna Capac y una estatua del mismo en oro, que envolvía su corazón momificado, llamado Wauke. El príncipe huyo en compañía de sus maestros (Amautas), archiveros (Quipucamayocs), sacerdotes (Willajs), vírgenes del sol (Acllas), nobles (Orejones) y algunos guerreros, escapando de la inminente invasión de los hombres de Atahualpa. Así, vista en peligro su ciudad, la élite social e intelectual cusqueña habría fundado “otro Cuzco” siguiendo el camino de los antiguos, hacia un oasis de paz para salvaguardar los tesoros de su imperio. Se mantendrían allí, aislados hasta que el orden cósmico fuese restituido, y tanto la sabiduría como el conocimiento transmitido por los dioses volvieran a imponerse. El tesoro guardado en aquella región apartada no estaba formado solo por joyas u oro. Paititi guardaría una estirpe de hijos de dioses, de sacerdotes así como el conocimiento secreto del culto solar. Se oculta allí la historia secular de un pueblo que unió la tierra con el cielo, sintetizando todo el saber de las culturas que lo precedieron. Las crónicas españolas relatan que Paititi fue construido y habitado luego de la caída del Imperio Incaico. El cronista Martin de Maúrtua (Crónica, 1677) relata que una vez dominado el Cuzco, uno de sus habitantes fue interrogado: ¿Dónde está el Inca? -le habría preguntado un español -. El Inca, la corona y muchas otras cosas más -habría contestado- están en la unión del río Paititi y el río Pamara (desaparecidos en el tiempo) a tres días del río Manu. Al respecto, existe un viejo mapa realizado en el siglo XVII en el museo eclesiástico del Cuzco, que fue traducido del quechua por unos misioneros jesuitas. Sobre el fondo del mapa están dibujados ríos y montañas. Alrededor del mapa se lee: “Corazón del corazón, tierra india del Paititi, a cuyas gentes se llama indios: todos los reinos limitan con él, pero él no limita con ninguno”. En el centro y arriba: “Estos son los reinos del Paititi, donde se tiene el poder de hacer y desear, donde el burgués solo encontrara comida y el poeta tal vez pueda abrir la puerta cerrada desde antiguo, del mas purísimo amor”. En la parte inferior derecha: “Aquí puede verse el color del canto de los pájaros invisibles”. Estas frases crípticas forman parte de la leyenda. Hasta la fecha, más de diez expediciones han fracasado en su intento de alcanzar este mítico reino. Aviones y helicópteros que se acercan a la zona sufren con extrañas averías o repentinos cambios de tiempo. Las fotografías satelitales encuentran el lugar con espesas nubes. La zona posee una especial anomalía. Muchas expediciones han recorrido diferentes caminos para intentar llegar al mítico reino. Uno de ellos es el que saliendo del Cuzco, por una carretera se llega a Oropesa luego de pasar por San Jerónimo, más adelante y hacia la izquierda se toma un desvió de carretera afirmada de tierra y piedra que suben en zig zag empinadas cuestas, para luego de muchas horas de viaje llegar a Paucartambo, de allí se desciende desde la localidad de tres cruces por el valle de Cosñipata hasta Pilcopata donde se encuentra parte del camino inca y finalmente a Shintuya, ultimo centro civilizado, en Madre de Dios, formado por una pequeña misión de padres domínicos a orillas del río Madre de Dios. Desde Shintuya se continúa en barcas a motor, y al cabo de cinco horas, se llega a la desembocadura del río Palotoa. A 15 km. de la desembocadura del Palotoa el trayecto a pie empieza. En algún recodo del rió, se llega a una aldea Machiguenga. Es recomendable establecer un campamento en la orilla opuesta a la aldea principal. Para llegar a ella se debe recorrer cerca de dos días. Una vez en ella se debe esperar una autorización para cruzar el rió Siskibenia y llegar a la piedra de Pusharo. Por cierto, Pusharo, es un lugar sagrado donde se encuentra una gigantesca pared rocosa llena de extraños e indescifrables petroglifos que para algunos representa un mapa de la ruta al Paititi. Esta gran pared lítica - que se encuentra en la margen derecha del río Palotoa afluente del río alto Madre de Dios - contiene grabados diversos signos y figuras totalmente desconocidas. Estos petroglifos fueron avizorados inicialmente en 1921, por el domínico Vicente de Cenitagoya; los visito posteriormente el médico y explorador peruano Carlos Neuenschwander Landa, quien cree haber identificado entre esos enigmáticos ideogramas un mándala, quizá de origen sánscrito, el cual se encuentra encerrada en un círculo; el padre Torrealba (1970); y el arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig (1980) entre otros. Desde el punto de vista arqueológico, no hay al presente explicación satisfactoria acerca de los diseños de Pantiacolla, ni correlaciones con otras culturas, se ignora así mismo la edad de estos petroglifos. Sin embargo algunos investigadores creen que representa un medio para llegar al mítico reino de Paititi. En dirección a las nacientes del río Siskibenia, se abre un cañón (Maisnique), que es considerada zona prohibida, ya que en ella viven “los hombres vestidos de blanco”. El cañón tiene una longitud de cuatro kilómetros, de allí hasta la meseta de Panticolla hay casi 45 km. de selva virgen. A los tres días se llega al pie de la meseta de Panticolla, pudiendo observarse la entrada de la caverna en forma de corazón hasta el interior de la montaña. De allí en adelante es tierra prohibida. Según las leyendas, más allá debe hallarse él mítico cerro en forma de puño con cinco puntas, delante otro cerro más, luego las caídas de agua, más allá la laguna rectangular, y muy cerca la ciudad de Pantiacolla centro neurálgico del mítico reino del Paititi. Si bien hace algunos años - de lo que dimos cuenta en su momento - fueron localizados desde el aire lo que parece ser una serie de estructuras piramidales cubiertas por la selva, llegar a ellas por tierra es prácticamente imposible, por lo que el misterio continúa. ¿Serán descubiertas alguna vez?

martes, 2 de abril de 2024

HISTORIAS DE MIEDO: Las cabezas voladoras

Se trata de historias reales contadas por sus protagonistas y que han ocurrido - y aun suceden - a lo largo del Perú, quienes han sido testigos de esta clase de fenómenos de los cuales han formado parte sin proponérselo. Relatados a su manera y que presentamos entrecomillados para todos ustedes. La primera entrega de esta serie, trata sobre las cabezas voladoras, un mito muy conocido en el sur del país andino - especialmente en Tacna, Moquegua, Cuzco y Puno - de los cuales se dice que tienen la capacidad de flotar por los aires, dando sustos con su terrible aspecto, llorando y gimiendo en las noches, anunciando desgracias a quien las ve. Se afirma que estas cabezas provienen de las brujas, quienes tienen la habilidad de separarlos de su cuerpo. Pero mientras dura el hechizo, el cuerpo espera inerte a que la cabeza voladora regrese, luego de haber conseguido sus macabros fines. También llamadas Ayapumas, Uma Tacta o Uma-waqya - cabeza de muerto en lengua indígena - un nombre que varía según la zona donde aparecen, se tratan al parecer de almas en pena, sumamente agresivas y violentas que pagan sus culpas vagando por los caminos solitarios, siempre al acecho a sus víctimas, preferentemente hombres, buscando pasar entre sus piernas para que se enfermen y mueran al día siguiente, pero de no lograrlo, puede matarlos golpeándolos fuertemente en el pecho y beber su sangre. Una de esas criaturas puede ser identificada fácilmente si se advierte que en el pueblo existe una mujer vieja de cabellos largos que no sale de su hogar ciertos días de la semana. Según la tradición, esto debido a que en esas fechas la cabeza del espectro ronda los valles y caminos cercanos al pueblo en búsqueda de algún incauto. Sin embargo, la Ayapuma no es invencible. El orificio en el cuello que deja atrás cuando sale a cazar puede ser untado de sal o cenizas para impedir que ambas partes vuelvan a unirse. Esto provoca que la bruja continúe errante en búsqueda de un nuevo dueño, situación que pone en vilo a los viajeros que recorren los caminos de noche, ya que pueden apoderarse del cuello de su víctima originando así un cuerpo bicéfalo. Sus únicos temores, son las altas plantaciones de los campos, ya que debido a su vuelo bajo pueden quedar atoradas en la vegetación, quedando indefensa ante la luz del sol, que generalmente termina matándolas. Quien tuvo un encuentro con ese ser demoniaco fue un campesino cuzqueño llamado Nemesio Poma, natural de Espinar, quien nos da su versión al respecto: “Tras un día de trabajo en el pueblo, regresaba a mi casa chacchando (masticando coca, agrego yo), con mi botella de aguardiente en la mano y mi lampa al hombro. Iba pensando en mis cosas, pero al darme cuenta que estaba oscureciendo, tuve que apurar el paso y tome un atajo por la quebrada, pero al cruzarlo, escuche unos ruidos entre los arbustos, así que me acerque pensando que era una vizcacha (especie de roedor similar al conejo, pero con cola, anoto) que había quedado atrapada y pensé capturarla. Pero grande fue mi sorpresa cuando descubrí que se trataba de una Ayapuma, cuyos cabellos habían quedado enredados entre las ramas y no pude contener la risa escupiendo la bola de coca de la boca al ver el parecido que tenía con mi suegra ‘¿Así que eres bruja? Con lo mala y fea ya me parecía’, le dije, mientras tomaba mi aguardiente de la botella. La Ayapuma solo me miraba con odio, castañeado los dientes - ‘tac-tac-tac’ - por lo que le escupí lo que estaba tomando diciéndole ‘¿no puedes salir? Muérete vieja, ya que dicen que si antes del amanecer no regresas al cuerpo de donde te desprendiste, pereces’. Me aleje de allí riendo, no sin antes tirarle la botella vacía que le cayó en toda la cara. Iba por el camino cuando al poco tiempo escuche unos gritos que decían ‘tac-tac-tac’ cerca de mí, y al darme la vuelta vi que era la cabeza de la bruja que me perseguía. Seguro pudo soltarse por el botellazo que le di. Presa de la ira le dije ‘¿porque me persigues caraj…?’ ‘¿Hasta cuándo me vas a hacer la vida imposible?’ En ese momento, se me acerco y quiso pasar entre mis piernas, ya que de esa manera moriría sin remedio y se apoderaría de mi alma. ‘Fuera mierd…’ le grite y con la lampa le di un tremendo golpe que cayó en una hondonada terminando enredada entre unas plantas espinosas. Para asegurarme que no escapara esta vez, baje hasta donde se encontraba y le prendí fuego, ardiendo hasta quedar ennegrecida e inmóvil. Escape como pude de allí y nunca más la volví a ver. Al día siguiente mi mujer me despertó entre alaridos afirmando que habían encontrado muerta a su madre y no tenía cabeza. ‘Y a mí que me importa, déjame dormir’, le grite y sonriendo seguí descansando. Lo que le paso a esa vieja bien merecido lo tuvo, pensé” termina el relato. No sé si a ustedes, pero a mí me ha gustado la historia. Lamentablemente, como esa criatura demoniaca existen muchas más en los Andes.