martes, 16 de junio de 2026

ALQAMARI: El mensajero de los dioses

Considerada como una ave sagrada entre los habitantes de la comunidad de Paruparu (Cuzco), ya que consideran que es el mensajero de los apus tutelares, que protegen sus vidas y cosechas. Debido a ello, los pobladores de dicho lugar le dedican sus canciones y bailes que se ejecutan durante la temporada de lluvias evocando a esta ave mítica, donde sus trajes son coloridos. Ahora bien ¿Qué forma tiene esta criatura? Se dice que el Phawaqk´uychi - como originalmente se llamaba el Alqamari - tiene la apariencia de un cóndor con grandes alas, patas de llama y una aureola de luces doradas sobre la cabeza. Se dice que su misión, encomendada por los dioses incas, es desentrañar los secretos más arcanos del universo; mora sin tiempo ni fin en la oscuridad de los valles silenciados. Según la leyenda, el Phawaqk´uychi aparecerá desde las profundidades del Uku Paccha (Inframundo Inca) en días previos al fin del mundo, para anunciar a los runas (hombres) andinos, familiares y descendientes de los Incas, que esperen listos este trágico acontecimiento, que llegará en el momento menos pensado. Pero como portador de los sabios conocimientos del universo, también es el responsable de resguardar el perpetuo orden cósmico de los ciclos de toda la eternidad, que rigen las divinidades incas. En cuanto al origen del Phawaqk´uychi, se dice que hace mucho tiempo, antes de la creación del Imperio Inca, todos los animales de la Tierra rendían pleitesía al Dios Sol, del mismo modo que los hombres lo hacían al divino ser que con sus rayos benéficos, proporcionaba la vida a todos los seres vivos, a los cuales alumbraba y daba calor todos los días. De allí el culto que recibía. Un día, el Dios Sol llamo a todas las aves para comunicarles, que a cada uno le había dado una tarea a cumplir en la Tierra; algunos deberían cantar para alegrar a otros seres. Otros tenían que mostrar sus hermosas plumas y pelajes para deleitar a la vista con su natural belleza y muchos de ellos lograban volar muy alto hasta llegar a las nubes. En cuanto al Phawaqk´uychi, era una imponente hermosa ave, que cuando volaba y extendía sus alas, se le podía ver en el cielo brillando con sus plumas de siete colores, al igual que la bandera del Imperio Inca. Esta espectacular ave solo se alimentaba de frutas dulces y otras exquisiteces. Como podéis imaginar, todas las demás aves envidiaban sus colores y de la forma en como volaba, aunque los demás animales lo admiraban, mientras los hombres pretendían nombrarle reina y señora de las aves, para adorarle en sus santuarios, a pesar que esta ave en realidad no volaba como el cóndor, y apenas podía cruzar los cerros más altos. Tampoco podía cantar muy al agrado de los otros seres, ya que además su voz al cantar, parecía la de un ruiseñor ronco, A pesar de ello, las alabanzas que recibía por su plumaje lo envanecieron... y ello fue su perdición. Sucede que el día en que el Dios sol los había convocado a la reunión, todos llegaron muy temprano, agradecidos por haberles dado el don de surcar por los aires y desplazarse rápido de un lugar a otro. Como era de esperar, el Phawaqk´uychi se hizo de rogar y llego tarde a la reunión ya cuando se había dado inicio al evento. Apenas entro, reclamo diciendo: “Señor, Dios del universo, vengo tarde cargado de muchos mensajes de todos los seres vivos de la Tierra, por lo que se ha dificultado llegar temprano”. El Dios Sol le pregunto: “Cuáles son esos mensajes?” a lo que el Phawaqk´uychi contesto: “Todos los seres de la Tierra quieren que yo sea el dios de las aves y para ello reclaman que me des alas poderosas como los tiene el cóndor para poder volar aún más alto y llegar a otros planetas, y que también me des una voz más melodiosa que la del ruiseñor para que pueda llevar tus mensajes a otros lugares”. Todas las aves se sorprendieron por los pedidos del Phawaqk´uychi y lo miraron silenciosamente de mala manera. Pero el Dios Sol se enfureció ante la solicitud del pretencioso y exclamo: “Todos ustedes tienen lo que deben para hacer un provecho en la Tierra, pero tu Phawaqk´uychi, por presumido, desde ahora te llamaras Alqamari, se te quitaran los colores, tu capacidad de volar y hasta tu cantar, que desde ahora será un graznido lastimero. En ese momento, la otrora hermosa e imponente ave perdió sus siete colores, quedando reducido a dos, el blanco y el negro. Además, ya no podía volar como antes y dejo de cantar. Degradado de su antigua posición, el Alqamari (que significa de dos colores) lo perdió todo, apenas puede planear bajo, su voz parece el ronquido de un venado y para mayor de sus desdichas, solo se alimenta de carroña. Ese es el castigo que el Dios Sol le dio a esta ave que quiso ser igual a su creador, y que hoy es solo es un simple mensajero de su Señor, con una apariencia muy distinta a lo que era.