TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 20 de enero de 2026

HISTORIAS DE MIEDO: El bulto

Se trata de un relato muy conocido, que sucedió en un tiempo indeterminado en Combapata (Cuzco), donde dos niñas muy pendencieras - Gumercinda y Cachirula - quienes montando al burro Mariano y acompañadas de un perro negro llamado Satanás, hacían de las suyas todos los días en el pueblo, donde al pasar por la plaza les arrebataban los mantos o le jalaban las trenzas a las mujeres, así como le quitaban el sombrero o el chullo a los hombres, escapando entre carcajadas a gran velocidad, ajenas a los insultos e incluso las piedras que les arrojaban los agraviados. En cierta ocasión ya al caer la tarde, cuando cruzaban el puente de San Nicolás para regresar a casa, se toparon con una anciana que tenía fama de bruja - llamada Tomasa Condemayta - a quien la atropellaron con el burro, cayendo esta pesadamente al suelo, quien al levantarse maldijo a la niñas con estas palabras: “Supaypaguagas, ojalá ese los lleve el diablo”. Al llegar asustadas a su casa, le contaron a su madre lo sucedido, quien les dijo que no hicieran caso a las palabras de una vieja loca, que hablaba sola por la calle y peleaba con seres imaginarios, por lo que la gente le tenía miedo, y se alejaban de ella para no pasar por su lado. Con el trascurrir de los días nada paso y el asunto quedo en el olvido, por lo que las niñas siguieron haciendo sus travesuras, como siempre. Pero cierta noche, cuando Gumercinda tenia ganas de orinar, saco debajo de la cama el bacín, pero al verlo lleno, decidió salir al patio para echarlo allí. Era ya de madrugada y hacía mucho frio, pero salió de la habitación que compartía con su hermana, y cuál no sería su sorpresa cuando se percató que en medio del patio había un bulto negro. En un primer momento creyó que se trataba del burro, el cual pensó que se había escapado de su corral. Pero al acercarse vio que, de un momento a otro, de allí salió un hombrecito pequeño de extraña mirada, vestido con poncho, chullo y ojotas, quien sin decir palabra alguna comenzó a acercarse a ella, la cual asustada y sin poder decir una palabra le arrojo el contenido del bacín bañándolo en orines, y regreso corriendo a su cuarto, cerrando la puerta con estrepito y despertando a Cachirula, quien le pregunto qué sucedía. “He visto aun duende y me quiere llevar” dijo su hermana, cuando en ese instante se abrió la puerta de par en par y vieron al enano pretendiendo ingresar. Sin poder gritar, Cachirula le quito el bacín de las manos a Gumercinda, y se lo arrojo al duende, quien cayó al suelo con gran estrepito, lo cual despertó al resto de la familia y al salir de sus cuartos vieron al engendro que intentaba arrastrar a las niñas, pero en ese instante apareció el perro, que se abalanzo sobre el duende arrojándolo al suelo en medio de la oscuridad. En ese momento los padres entraron con sus hijas a la habitación cerrando la puerta y se negaron a salir, mientras afuera solo se escuchaba gritos y alaridos. Al amanecer recién se atrevieron a hacerlo, y solo encontraron un poncho rasgado en tiras y una ojota ensangrentada, pero nada más. En eso apareció Satanás muy contento agitando la cola al verlos, pero notaron que tenia el hocico lleno de sangre. Entonces Gumercinda y Cachirula abrazaron a su perro y luego de bañarlo, salieron a la calle de vuelta a las andadas. Por cierto, del duende o de la bruja no se supo mas de ellos. Pasaron los años de aquel suceso y ya ancianas, contaban a todos que querían saber de ello. Cabe precisar que estas historias de encuentros con duendes y demonios es más común de lo que parece en los andes peruanos, demostrando que el Maligno aún se encuentra muy activo.