TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 17 de marzo de 2026

QUITUMBE: Unos gigantes que llegaron procedentes del mar

Tumbes es una región que se ubica en el extremo norte del Perú, y es la de menor extensión de todas. Desde tiempos inmemoriales estas tierras estaban habitadas por los feroces tumpiz, quienes conformaron un belicoso reino, que termino siendo conquistado por los incas luego de cruentas batallas. Sin embargo, supieron conservar sus mitos y tradiciones acerca de sus orígenes - que fueron rescatadas para la posteridad por los cronistas españoles - siendo el más conocido el mito de Quitumbe, el cual es un relato legendario que aparece en la obra Historia del reino y provincias del Perú y varones insignes en santidad de la Compañía de Jesús del padre jesuita Giovanni Anello Oliva, obra escrita en el siglo XVII y publicada en el siglo XIX. Este mito, expresado de manera genealógica, ubica el origen último de los reyes incas en una región del actual Ecuador, llamada Sumba. Allí habría gobernado, tras el diluvio universal, el cacique Tumbe, uno de cuyos hijos, Quitumbe, se instaló en Tumbes. La descendencia de este Quitumbe avanzó más al sur, hasta el Cuzco, donde dio origen a la dinastía de Manco Cápac, el primer rey inca. Un mito disparatado que, por cierto, desdice la historiografía tradicional que afirma que los Incas provinieron de la región del Altiplano, cruzando el Lago Titicaca (La Leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo) tras el colapso y caída por razones que desconocemos, del imperio Tiahuanaco. El padre Oliva afirmó que recogió el relato mitológico de Quitumbe, de boca de un anciano quipucamayoc de Cochabamba llamado Catari, personaje que se preciaba ser el último cultor de la tradición milenaria de la conservación de la memoria a través de los quipus o cordones anudados. La genealogía heterodoxa del padre Oliva afirma lo siguiente: “Tras el diluvio universal, grupos humanos llegaron a Caracas (Caráquez), en la costa del actual Ecuador, y de allí se fueron extendiendo al resto del continente. Una parte se instaló en Sumba o Tumpa, en el mismo paraje que los españoles bautizaron posterormente como península de Santa Elena. Allí gobernó el cacique Tumbe, que se destacó por gobernar en paz y justicia, quien tuvo dos hijos: Quitumbe y Otoya los cuales no tardaron en tener conflictos. Para no luchar entre ellos, Quitumbe salió de Sumba y llegó a un llano cercano al mar donde fundó Tumbes, nombre que puso en honor a su padre. Otoya, en cambio, por su conducta inmoral en Sumba recibió el castigo por sus pecados y los gigantes resurgieron del mar para darles escarmiento y lo capturaron, muriendo en manos en de sus enemigos. De este suceso entró temor por parte de Quitumbe que decidió ir a una isla que llamó Puna, pero lamentablemente estas tierras no eran fértiles y además tenía una tierra excesivamente seca, lo que lo obligo salir de aquel lugar, subiendo a la serranías de lo que hoy es Ecuador estableciéndose en lo que él llamó Quitu, por su nombre, donde creo un ejército para rescatar a su familia en Sumba, venciendo y exterminando a los gigantes. Triunfante, Quitumbe avanzó hacia el sur para seguir fundando ciudades hasta el valle del Rímac (actual Lima), donde falleció. Estuvo casado con Llira, “mujer de buen parecer”. Fue padre de Guayanay (que representa a la ciudad de Guayaquil) y Tome (que representa a la ciudad de Tomebamba). Guayanay atrajo a Cigar, la hija de un curaca del valle de Pachacámac. Fue perseguido por sus huestes, por lo que huyó hacia el norte. Años mar tarde, tuvo a Atau, quien fue padre de Manco Cápac y de quien descienden los incas.” Todo esto, sin embargo, entra en conflicto con la genealogía oficial de los incas en lo que respecta sobre el lugar de su origen. Los incas, según la mitología oficial, vienen del Lago Titicaca, es decir, de la región del altiplano. De acuerdo a otra leyenda relatada por el mismo padre Oliva (la leyenda de Huyustus), los incas serían la continuación de un imperio anterior surgido en esa zona, que luego la arqueología lo identificaría con los Tiahuanaco. Como era de esperar, durante el siglo XX, este mito fue usado con fines nacionalistas en Ecuador por autores como Benjamín Carrión y Jorge Salvador Lara para exaltar el pasado indígena de dicho país. En concreto, Carrión incluyó este mito en el libro titulado Atahuallpa como uno de los posibles orígenes de los incas, además de otras afirmaciones controvertidas como la existencia de un “Reino de Quito”, que nunca existió. Por cierto ¿quiénes eran los gigantes y de dónde provenían? Oliva no lo dice, ya que luego de nombrarlos, pasa de largo para continuar con su inverosímil relato. ¿No hubiese sido mejor que hubiese descrito con todo detalle acerca de esas extrañas criaturas, en lugar de intentar seguir contándonos cuentos buscando ‘reescribir’ la historia? Cabe precisar que la presencia de gigantes está documentada en diversas culturas alrededor del mundo desde tiempos ancestrales, bien como dioses, demonios o ángeles caídos, por lo que hubiese sido interesante saber más de aquellos seres que emergieron en las costas de lo que hoy es Ecuador ¿No lo creen ustedes?