TIEMPOS DEL MUNDO
martes, 14 de julio de 2026
OCULTOS SECRETOS DE ANDABAMBA: La mansión embrujada de Huánuco
Ubicada a 6 km de Huánuco, la casa hacienda Andabamba data del periodo colonial, y que en sus orígenes fue un convento jesuita. A lo largo de los siglos, paso a ser propiedad de varias familias adineradas que la usaron para la producción de caña de azúcar y otros cultivos. En el siglo XIX pasó a manos del Colegio de Minería y fue arrendada para continuar su producción agrícola. Pero su época de prosperidad llego a su fin en 1968, con la llegada al poder mediante un golpe de Estado del general Juan de Velasco Alvarado, quien instauró una oprobiosa dictadura izquierdista en el Perú, realizando la denominada reforma agraria, confiscando las haciendas y sus grandes extensiones de tierras, arrebatándoselas a sus legítimos propietarios, pasando estas a manos de los indios, quienes en su ignorancia como podéis suponer, no supieron administrarlas, lo cual significo al poco tiempo, el colapso de cada una de ellas. En el caso de Andabamba, sufrió el mismo destino. Abandonada desde entonces por los usurpadores, en la actualidad pertenece a una cooperativa y aunque la casona se encuentra en ruinas, aún conserva características arquitectónicas propias de la época colonial. Y pensar que durante siglos fue símbolo de poder, riqueza y fe en el corazón de Huánuco, hoy permanece olvidada entre ecos del pasado, aunque conserva historias de aparentes fenómenos paranormales que ocurrieron allí. En sus inicios, la casona fue un centro misional de los franciscanos que buscaban evangelizar la selva alta del Perú. Posteriormente, se transformó en una de las propiedades más emblemáticas de la aristocracia huanuqueña, especialmente bajo el dominio de la familia Durand. Hoy su majestuosidad está cubierta de maleza y silencio, y se alza como una mansión abandonada que guarda secretos, historias y leyendas. Con sus techos desplomados, paredes agrietadas y un aire tétrico, esta antigua casona mantiene en pie como testigo de los cambios sociales, políticos y culturales del país. Desde la esclavitud de los negros hasta la reforma agraria de Velasco Alvarado, la historia de la hacienda Andabamba refleja las luces y sombras del Perú rural. Tal como detallamos líneas arriba, su decadencia comenzó tras la aplicación de la reforma agraria decretada por Velasco. Esta medida expulsó a las familias terratenientes, entre ellas los Durand, que hasta entonces poseían la propiedad. En su lugar, la administración pasó a manos de los indios, que convirtieron lo robado en una cooperativa agraria. Sin embargo, con el paso del tiempo, las actividades productivas fueron mermando, y para 1980, la mansión ya había quedado prácticamente en el olvido. De esta manera, lo que alguna vez fue una finca floreciente dedicada al cultivo de frutas, caña de azúcar y productos para uso medicinal, terminó convertida en una sombra del pasado. Los pisos decorados con mayólicas importadas, los jardines donde se sembraban verduras, y hasta su sistema de energía hidráulica hoy son solo rastros de un esplendor perdido. A pesar de su deterioro, todavía es posible observar en sus rincones símbolos religiosos, escritorios coloniales y hasta pupitres escolares que recuerdan su uso como escuela temporal para los niños de la zona. Pero la historia no queda allí, ya que también es conocida como una casa embrujada. Es más, los pobladores de la zona cuentan que durante la noche se escuchan voces y lamentos de ultratumba. Incluso han podido observar cosas que se mueven. En el 2923, el canal del youtuber peruano Marko Tk visitó esta enigmática mansión abandonada. Durante su exploración, documentó numerosos detalles que alimentan las teorías sobre presencias sobrenaturales. El único habitante del lugar, un tal señor Devoción, quien ha trabajado allí toda su vida, relató haber escuchado ruidos extraños y sentir presencias inexplicables por las noches. Según testimonios recogidos por el creador de contenido, se cree que el espíritu de antiguos esclavos aún deambula por la propiedad. Durante el auge de la hacienda, los negros se dedicaban al cultivo de caña de azúcar, muchos de los cuales murieron en condiciones inhumanas. Una historia cuenta que en 1812 un esclavo lideró una rebelión contra los hacendados, y que, al ser capturado, fue torturado, asesinado y su cuerpo sin vida arrojado al río Huallaga. La propiedad pasó por distintas manos desde su fundación. Los primeros moradores fueron frailes franciscanos en el siglo XVI, quienes establecieron un convento y sembraron frutas para abastecer a los religiosos del convento de Huánuco. Posteriormente, grandes familias de la aristocracia peruana tomaron control de la finca, siendo los Durand los últimos en habitar la vivienda antes de la reforma agraria. Tras su expulsión, la hacienda fue entregada a una cooperativa agraria, que aún mantiene la propiedad legal del terreno, aunque sin explotar su potencial turístico o cultural. Dentro de la mansión se conserva un altar bajo el cual, se dice que yacen los restos de dos miembros de la familia Durand. Tras pasar a manos de los indios en los años 70, el lugar sirvió ocasionalmente como aula provisional para niños y como refugio de historias no contadas. El escritorio donde, se dice, Simón Bolívar redactó proclamas de independencia durante su paso por Huánuco, sigue allí, cubierto de polvo, como mudo testigo de un pasado glorioso, aquel que por incuria y desinterés de quienes actualmente tienen posesión del lugar no volverá, porque no saben explotar el potencial turístico que - una vez restaurado - podría generar.

