TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 18 de agosto de 2026

EL ÁRBOL DE LA VIDA: Símbolo del poder de un régimen criminal

Quien visita Managua, no puede dejar de asombrarse con unas espantosas estructuras metálicas que “adornan” sus calles, que, iluminadas de noche, le dan un aspecto verdaderamente infernal, ocasionando un descomunal derroche de energía eléctrica en un país con múltiples carencias. Son los llamados “Árboles de la Vida”, una genial ‘ideota’ de Rosario Murillo, la odiada mujer del dictador Daniel Ortega - apodada “la bruja” por sus inclinaciones esotéricas - y quien, al margen de la legalidad, ha sido nombrada como la sucesora del sátrapa izquierdista una vez que este muera, (dada su avanzada edad y deteriorado estado de salud), en un intento desesperado de la pareja dictatorial de no dejar nunca el poder en Nicaragua. Empezaron a "brotar" a mediados del 2013 en sitios estratégicos de Managua, y ahora hay cientos por toda la ciudad. Con una altura entre 15 y 20 metros de altura, de formas estilizadas, multicolores e iluminadas que dominan el panorama citadino y están asociadas con el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional. Existen por iniciativa y orden de Murillo, cuya visión conceptual de ocupar el espacio público con símbolos de tinte político y seudoesotérico ha generado varias críticas, principalmente por el costo que genero su construcción. Fueron erigidos inicialmente en la Plaza de la Fe, en Managua, en conmemoración del 34 aniversario de la Revolución Sandinista, el 31 de julio del 2013. Inicialmente eran ocho. que la misma Murillo bautizó como "árboles de la vida" y generaron discusión pública tanto por su tamaño y colorido como su significado místico. Existen varias interpretaciones sobre la fuente de inspiración del diseño. Desde el famoso cuadro del pintor austríaco Gustav Klimt, "Árbol de la vida", hasta la semejanza de las enroscadas hojas metálicas con el alfabeto hebreo y sus posibles conexiones con la Cábala judía, o con el ojo de Horus, inclusive con el número 6 asociado con el demonio. Otros dicen que son una expresión de las creencias filosóficas de Murillo, su espíritu de la nueva era y sus gustos por los atuendos coloridos, colgandejos y amuletos. Las enormes estructuras se han instalado cerca de monumentos históricos con especial significado político para el partido gobernante, como la silueta de la figura del terrorista nicaragüense Augusto César Sandino, que se levanta en la Loma de Tiscapa, que domina la ciudad. Lo cierto es que, pasados unos meses, empezaron a aparecer más de estos árboles en la Avenida Bolívar en Managua y en otros puntos clave de la capital, sumando casi 140, para comenzar. No muy lejos, también se erigió un árbol con la imagen del fallecido dictador venezolano, Hugo Chávez, uno de los líderes más cercanos a Ortega y Murillo y benefactor económico del país centroamericano, que les regalaba no solo dinero, sino también petróleo, para mantener al régimen a flote. En el 2015, se estimó que el costo de esta "reforestación" metálica era de más deUS$3,3 millones. Eso no incluyo las cuentas anuales de electricidad para iluminar los árboles que superan el millón de dólares. En un país que es el segundo más pobre del hemisferio, es de esperar que el proyecto de Rosario Murillo recibiera críticas, pero a ella no le importa y sigue “sembrándolos” hasta el infinito. Desde que Daniel Ortega inició su segundo período en el poder, en el 2007, su esposa fue adquiriendo cada vez más presencia e influencia dentro del régimen. En el 2017, logró consolidarse como vicepresidenta convirtiéndose en una figura omnipresente en todos los actos y toma de decisiones, hasta el punto que el propio Ortega reconoció que ella es "50%" de la presidencia. Sin embargo, el rechazo a la pareja dictatorial, que mediante una brutal represión, quitándoles la nacionalidad y expulsando del país a cientos de opositores, a la vez que el tirano se reelige mediante el fraude una y otra vez, alcanzo su punto en el 2018, cuando cientos de manifestantes, que protestaban contra las reformas al sistema de seguridad social y pensiones planteadas por el sátrapa, hicieron de esas monstruosas estructuras - a los cuales despectivamente llaman ‘árbolatas’ o ‘chayopalos’ - objeto de su ira, derribando y quemando varios de ellos, porque los consideran símbolos de un régimen criminal. Para tirarlos abajo, los manifestantes amarraban las “ramas” del árbol con sogas, con las que desde la base la halarían para que cayera, mientras otros aserraban el “tronco” cortando los tubos de hierro que la sostenían. Al conteo de tres, todos halaban con fuerza, haciendo crujir las bases del árbol, que comenzaba a tambalearse. "¡Sí se puede, sí se puede!", gritaba la masa. "¡Qué se caiga, qué se caiga!", animaban a los chicos. "¡De que se cae, se cae!", gritaba un hombre expectante. La estructura se movía de un lado a otro y tras varios minutos de forcejeo se desplomó sobre la avenida con un ronco estremecimiento. ¡Pum! Abajo. Comenzaba el pandemónium. Los gritos y abrazos de alegría, la gente corriendo para saltar sobre el gigante desplomado, como un Gulliver totalmente derrotado por los liliputienses. El llanto, esa sensación de alivio y de triunfo, la certeza de que el miedo no volverá jamás, que "las calles son otra vez del pueblo" y de que Ortega, tarde o temprano, dejará el poder. Fue una ardua tarea derribar cada uno de ellos, pero de esta forma, los manifestantes querían demostrar su desprecio y su burla a un poder que los ha mantenido relegados por casi 20 años. Su destrucción recordó el derribo de la estatua ecuestre de Somoza, fundador de la dinastía que fuera derrocada tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979. La similitud de las acciones populares similares, pasado 47 años, no dejo de enviar señales a la odiada pareja dictatorial, la cual como podéis imaginar, respondió con una brutal represión, dejando decenas de muertos en las calles. Las ‘árbolatas’ fueron repuestas y estarán allí hasta la momento que llegue el final de la tiranía. Cuando esto suceda, ninguno de ellos sobrevivirá al ajuste de cuentas que inevitablemente sucederá.