TIEMPOS DEL MUNDO
martes, 25 de agosto de 2026
OCULTO BAJO EL BOSQUE: ¿Descubrieron una ciudad perdida en la Amazonia?
Hubo un explorador que se internó en las profundidades de la Amazonía hace más de un siglo y jamás regresó. Su nombre era Percy Fawcett, un reconocido geógrafo, cartógrafo y oficial del ejército británico. Ni su experiencia ni su determinación fueron suficientes para protegerlo de los secretos de la selva. En 1925, acompañado por su hijo Jack y un amigo de la familia, desapareció sin dejar rastro mientras buscaba una legendaria civilización a la que llamaba la “Ciudad Perdida Z”. Durante décadas, muchos consideraron que aquella búsqueda era poco más que una obsesión imposible. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos más recientes están obligando a replantear esa idea. Hoy, numerosos investigadores creen que Fawcett pudo haber estado mucho más cerca de la verdad de lo que sus contemporáneos imaginaron. Y lo más sorprendente es que los descubrimientos no se realizaron abriendo senderos entre la maleza, sino utilizando tecnología aérea de última generación. En efecto, la herramienta que está transformando la arqueología amazónica se conoce como LiDAR (Light Detection and Ranging). Este sistema utiliza pulsos láser emitidos desde drones o aeronaves para atravesar la densa cobertura vegetal y generar mapas tridimensionales extremadamente precisos del terreno oculto bajo el bosque. Gracias a esta tecnología, los investigadores pueden observar estructuras que han permanecido invisibles durante siglos. Es como si la vegetación desapareciera temporalmente, permitiendo contemplar un paisaje ancestral enterrado bajo el dosel verde de la Amazonía. En Bolivia, particularmente en la región de los Llanos de Moxos, el LiDAR ha revelado algo extraordinario: una extensa red de asentamientos prehispánicos cuya complejidad está cambiando la forma en que entendemos la historia de la Amazonía. Los hallazgos muestran mucho más que pequeñas aldeas dispersas. Los arqueólogos han identificado centros urbanos planificados que incluían pirámides cónicas de hasta veinte metros de altura, grandes estructuras ceremoniales en forma de U y plazas monumentales capaces de albergar extensas concentraciones de personas. Estas ciudades estaban conectadas mediante una sofisticada infraestructura compuesta por calzadas elevadas, canales artificiales, reservorios y sistemas de gestión del agua. Todo indica que existía una organización social compleja capaz de modificar el entorno a gran escala. Según el arqueólogo José Iriarte, de la Universidad de Exeter, los integrantes de la cultura Aquiry – que también se expandió a territorio peruano - no solo aprendieron a vivir en la selva, sino que transformaron activamente el paisaje para adaptarlo a sus necesidades. Entre sus logros destaca la creación de las llamadas “tierras oscuras”, suelos artificialmente enriquecidos mediante la incorporación de carbón vegetal, restos orgánicos y otros materiales que aumentaban notablemente su fertilidad agrícola. Lejos de ser poblaciones aisladas y dependientes de los recursos naturales inmediatos, estas comunidades desarrollaron sistemas productivos capaces de sostener asentamientos permanentes y numerosas actividades económicas. Lo más llamativo de estos descubrimientos es que se producen precisamente en regiones donde exploradores como Percy Fawcett sospechaban que existieron antiguas civilizaciones de gran tamaño. Su visión de una sociedad avanzada escondida en el corazón de la Amazonía fue recibida con escepticismo durante generaciones, pero la evidencia arqueológica actual está demostrando que no era una fantasía. Sin embargo, la realidad parece ser incluso más fascinante que la leyenda. Los investigadores no han encontrado una única ciudad monumental cubierta por la selva, sino una extensa red de centros urbanos interconectados que compartían infraestructura, tecnología y organización territorial. Al respecto, un estudio publicado en la revista científica Nature identificó más de 20.000 geoglifos y estructuras ocultas bajo la selva del suroeste amazónico, un hallazgo que modifica la comprensión sobre la ocupación de la Amazonía y sitúa al actual territorio peruano dentro del área de influencia de esta antigua civilización. La investigación fue liderada por el arqueólogo finlandés Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, junto con un equipo internacional que empleó tecnología LiDAR, un sistema de escaneo láser capaz de registrar el relieve del terreno bajo la cobertura forestal. Gracias a esta metodología, los investigadores concluyeron que la denominada civilización Aquiry ocupó al menos 183.000 kilómetros cuadrados, tres veces más de lo estimado hasta ahora. Uno de los aspectos más relevantes para el Perú es que los autores establecen que el límite meridional de esta área cultural alcanza las cercanías de Puerto Maldonado, en la región Madre de Dios. Junto con sectores de los estados brasileños de Acre y Rondônia y el norte de Bolivia, el territorio peruano formaría parte del extremo occidental de este vasto paisaje cultural amazónico. El equipo estima que en toda el área podrían existir entre 24.000 y 30.000 estructuras, de los cuales alrededor de dos tercios corresponderían al período de mayor desarrollo de la civilización Aquiry, entre los años 100 y 300 d. C. Sobre la base de estos datos, los investigadores calculan una población de entre 1,25 y 3 millones de habitantes, aunque esta cifra ha generado debate entre especialistas, quienes consideran necesario ampliar las excavaciones para corroborarla. Las estructuras identificadas consisten en grandes recintos geométricos delimitados por fosos y terraplenes. Según los autores, habrían funcionado como centros ceremoniales, políticos y de reunión para distintas comunidades amazónicas. Si bien el estudio no presenta evidencias de una presencia del Imperio inca en el actual Brasil ni sostiene que estas sociedades hayan estado bajo su control, sí modifica el contexto en el que deben estudiarse los contactos entre los Andes y la Amazonía occidental. La proximidad del área identificada con Madre de Dios plantea interrogantes sobre posibles redes de intercambio entre las poblaciones amazónicas y el Antisuyo, uno de los cuatro suyos del Imperio inca. Algunos especialistas comparan esta forma de ocupación con otras grandes civilizaciones antiguas, como la maya o la desarrollada alrededor de Angkor Wat, aunque con características propias adaptadas al entorno amazónico. A pesar de los avances, muchas preguntas siguen abiertas. Los investigadores aún intentan comprender cómo se gobernaban estas sociedades, cuántas personas habitaban la región y cuáles fueron las causas de su desaparición antes de la llegada de los europeos. Entre las hipótesis consideradas figuran cambios climáticos, conflictos internos, transformaciones ambientales o una combinación de múltiples factores. Por ahora, no existe una respuesta definitiva. Lo que sí parece indiscutible es que la antigua imagen de la Amazonía como una región prácticamente vacía y dominada únicamente por pequeños grupos dispersos ya no se sostiene frente a la evidencia científica. Miles de extrañas estructuras permanecen ocultas bajo la vegetación en países como Bolivia, Brasil, Perú y Ecuador. Cada nuevo vuelo equipado con tecnología LiDAR tiene el potencial de revelar fragmentos desconocidos de una historia que permaneció escondida durante siglos. Quizá el mayor legado de Percy Fawcett no haya sido encontrar la ciudad que buscaba, sino inspirar una búsqueda que, a cien años de su desaparición, continúa revelando algunos de los secretos más sorprendentes del pasado amazónico.

