TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 9 de junio de 2026

EL MISTERIO DE LA REENCARNACIÓN: ¿Experimentando el renacimiento tras la muerte corporal?

A lo largo de la historia, la religión ha desempeñado un papel fundamental en la vida de las distintas civilizaciones y pueblos. Aunque existen diferentes doctrinas, algunos elementos son comunes a muchos grupos. Entre ellos, la fe en una entidad superior, la realización de rituales sagrados y, en algunos casos, la creencia en la reencarnación. En primer lugar, hay que entender que los conceptos cambian en función de la religión, la cultura y la época histórica. En términos generales, se define la reencarnación como "el renacimiento de un individuo tras la muerte corporal (ya sea la conciencia, la mente, el alma o alguna otra entidad) en una o más existencias sucesivas". El concepto se encuentra en diversas creencias como el hinduismo, el budismo o el jainismo (religión originaria de la India), por citar algunos ejemplos. Al igual que otras religiones indias, el budismo afirma que el renacimiento o reencarnación, es la continuidad mental de un individuo, con sus instintos, talentos y demás, proveniente de vidas pasadas y que continuará en vidas futuras. Dependiendo de las acciones propias y de las propensiones acumuladas por ellas, un individuo puede renacer en cualquier forma de vida dentro de una amplia variedad, sean éstas mejores o peores: humana, animal, como insecto, e incluso como fantasma y otros estados invisibles. Todos los seres experimentan el renacimiento incontrolablemente recurrente debido a la fuerza de sus actitudes perturbadoras, tales como el apego, el enojo y la ingenuidad, y a la conducta compulsiva que éstas provocan. Si seguimos los impulsos negativos que surgen en nuestra mente debido a los patrones conductuales pasados y actuamos de forma destructiva, como resultado experimentaremos sufrimiento e infelicidad. Por otro lado, si nos involucramos en acciones constructivas, experimentaremos felicidad. De esta manera, la felicidad o infelicidad individual en los renacimientos sucesivos no es una recompensa ni un castigo, sino un resultado de las acciones previas de la persona, de acuerdo con las leyes de la causa y efecto conductual. ¿Cómo sabemos de forma válida que algo es verdad? De acuerdo con las enseñanzas budistas, las cosas pueden ser conocidas de forma válida de dos maneras: por percepción directa o por inferencia. Al hacer un experimento en un laboratorio, podemos validar la existencia de algo mediante la percepción directa. Por ejemplo, al ver a través de un microscopio, simplemente utilizando nuestros sentidos, podemos constatar que hay muchos microbios diminutos en la gota de agua de un lago. Sin embargo, algunas cosas no se pueden conocer a través de la percepción directa. Debemos apoyarnos en la lógica, la razón y la inferencia; por ejemplo, afirmamos la existencia del magnetismo al inferirla del comportamiento entre un imán y una aguja de hierro. El renacimiento es muy difícil de probar por medio de la percepción sensorial directa. Sin embargo, hay muchos ejemplos de personas que recuerdan sus vidas pasadas y que pueden identificar sus pertenencias personales o a personas que solían conocer. A partir de eso podríamos inferir la existencia del renacimiento, pero muchas personas podrían dudar de esa conclusión y pensar que se trata de una estafa. Si dejamos de lado esos relatos de memorias de vidas pasadas, podemos utilizar la lógica para entender el renacimiento. Al respecto, el Dalái Lama ha dicho que él está dispuesto a que se eliminen del budismo aquellos aspectos que no correspondan con la realidad. Esto aplica también al renacimiento. De hecho, originalmente hizo esa declaración dentro de este contexto. Si los científicos pueden probar que el renacimiento no existe, entonces debemos dejar de creer que es verdad. Sin embargo, si los científicos no pueden probar que es falso, dado que siguen la lógica y utilizan el método científico –el cual está abierto a entender nuevas experiencias- entonces tienen que investigar si efectivamente existe. Para probar que el renacimiento no existe, tendrían que encontrar su no existencia. El solo decir: “el renacimiento no existe porque no puedo verlo con mis ojos” no es encontrar la no existencia del renacimiento. Existen muchas cosas que no podemos ver con nuestros ojos, como el magnetismo y la gravedad. De acuerdo con el budismo, la analogía del renacimiento no es la de una misma alma, como una pequeña estatua o persona concreta, que viaja a través de una cinta transportadora de una vida a otra. La cinta transportadora representa el tiempo y la imagen que implica es la de una cosa sólida, una personalidad fija o un alma llamada “yo” que pasa a través del tiempo: “Ahora yo soy joven, ahora yo soy viejo; ahora yo estoy en esta vida, ahora yo estoy en aquella vida”. Este no es el concepto budista del renacimiento. En lugar de ello, la analogía es la de una película. Hay continuidad en una película; los fotogramas forman una continuidad. El budismo no dice que yo me convierto en tú ni que todos somos uno. Si todos somos uno, y si yo soy tú, entonces, si ambos tenemos hambre, tú puedas esperar en el auto mientras yo voy a comer. No es así. Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio flujo individual de continuidad. La secuencia de mi película no se va a convertir en tu película; nuestras vidas proceden como películas en el sentido de que no son concretas ni fijas. La vida avanza de un fotograma al siguiente. Permite una secuencia, según el karma y, por lo tanto, forma una continuidad. Cada continuidad es alguien que puede ser llamado “yo”; no es que cada continuidad sea nadie. Pero, así como el título de una película se refiere a toda la película y a cada uno de sus fotogramas (pero no puede ser encontrado como algo concreto en cada fotograma), de manera similar, “yo” se refiere a una continuidad mental individual y a cada momento de ella, pero tampoco puede ser encontrado como algo concreto en ningún momento. Sin embargo, convencionalmente existe un “yo”, un “sí mismo”. El budismo no es un sistema nihilista. Por cierto: ¿Los humanos siempre renacen como tales? De lo que estamos hablando es de actividad mental y de cuáles son los factores generales que caracterizan nuestra actividad mental. Lo que caracteriza la actividad mental humana es la inteligencia, y esa inteligencia, como sabemos, puede encontrarse en un amplio rango de “no muy inteligente” hasta “muy inteligente”. Pero también hay otros factores que son parte de la actividad mental, por ejemplo, el enojo, la codicia, el apego, la distracción y las conductas compulsivas ocasionadas por esos factores mentales. En algunas personas, estos factores dominan su actividad mental de tal forma que no utilizan su inteligencia humana, sino que operan mayoritariamente basados en la codicia, el enojo y demás. Por ejemplo, hay personas que tienen un enorme deseo sexual y pasan su tiempo en bares, conociendo a otras personas y teniendo sexo casi con cualquiera que se encuentren; esas personas actúan como perros, ¿no les parece? Un perro se montará a cualquier otro que se encuentre, en cualquier momento; no ejercerá ningún tipo de autocontrol. Si un humano se comporta de esa manera, desarrolla el hábito de tener una mentalidad animal. Por lo tanto, si pensamos en términos del renacimiento, no es de sorprenderse que la mentalidad de deseo de esas personas será el modo dominante de actividad mental que tendrán en una vida futura, y que renacerán en un cuerpo que sea una base apropiada para esa actividad mental, esto es, un renacimiento animal. Así que es muy útil examinar nuestra conducta: “¿Estoy actuando como este o aquel animal?”. Piensen en términos de una mosca. La mentalidad de una mosca es de absoluto vagabundeo mental. Una mosca no puede quedarse en un solo lugar por más de unos instantes, está constantemente moviéndose y distraída. ¿Así es como está nuestra mente, como la de una mosca? Si es así, ¿qué esperamos para nuestra próxima vida? ¿Esperamos ser inteligentes y tener buena concentración? Estos son algunos de los pensamientos que nos ayudan a entender que los humanos no necesariamente renacen como humanos. Podemos renacer en muchos tipos diferentes de formas de vida, y esto tiene sus altibajos. Si hemos cultivado muchos hábitos positivos como humanos entonces, aun si renacemos como animales, cuando la fuerza kármica de nuestras conductas “animalísticas” termine, nuestra fuerza positiva previa puede volverse dominante y podemos renacer nuevamente como humanos. No estamos condenados a tener renacimientos inferiores para siempre. El punto es entender que no hay nada intrínseco en la actividad mental que la haga ser una actividad mental humana, o que la haga femenina o masculina, ni nada de eso. Es simplemente actividad mental. Así que el tipo de renacimiento que tengamos depende del karma, de los diversos hábitos que acumulamos por nuestra conducta compulsiva. En vidas futuras tendremos un cuerpo que funcione como base apropiada para actuar esos hábitos.