TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 31 de octubre de 2023

LOS SECRETOS DEL T´ANTA WAWA: Ofrendas para los muertos

Se trata de un vocablo indígena que se puede traducir al español como “niño hecho de pan”. Los turistas que visitan los pueblos andinos encuentran estos panes dulces hechos de forma artesanal en abundancia durante los primeros días de noviembre, ya que se acostumbra consumirlos en el Día de los Muertos, llevándolo a los cementerios como ofrendas a los que partieron. En efecto, los t’anta wawas fueron originalmente un regalo para los niños que habían muerto. Mientras las tumbas de las niñas recibían el pan en forma de bebé, los destinados a las tumbas de los niños tenían forma de llamas.Posteriormente se extendió al resro de sus seres queridos. Esta práctica de honrar a las familias en sus tumbas, trayendo su comida y bebida favorita para ellos se remonta a la época precolombina y continúa cada 1 de noviembre. En un paseo por los mercados cuzqueños por esa fecha, se puede descubrir la infinita variedad de diseños de t’anta Wawas que existen. Aunque los cuzqueños lo saborean desde hace siglos - el Inca Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales de los Incas, ya explicaba que los panes de maíz eran parte de sus celebraciones y se llamaba “tanta” al pan común - es interesante conocer como se inició esta costumbre. Como sabéis, el brindar ofrendas a los muertos es antiquísima. En el Antiguo Egipto, por ejemplo, se solían depositar panes y levadura en las tumbas de algunos faraones. El pan servía como una ofrenda de honra y respeto. En el Antiguo Perú, la situación era un tanto distinta. En los funerales Incaicos las ofrendas consistían en frejoles, frutas, guisados y hojas de coca. Lógicamente, si bien los Incas horneaban pan, hechos a base de maíz, no existe evidencia que lo consumieran durante un funeral, ni que lo dejaran como ofrenda a sus difuntos, como comenzó a partir del dominio español en el siglo XVI. De todas formas, los Incas, como otras culturas antiguas, mantuvieron la creencia de honrar a sus muertos. Ellos sabían bien que, de no hacerlo, se creaba una enemistad o distancia entre vivos y muertos, la cual ocasionaba según creían, grandes repercusiones, como sequías, plagas, hambrunas, mala fortuna, maldiciones y demás. “Los indios eran muy agoreros” anotaron los cronistas acerca de sus costumbres y supersticiones. Los españoles, por su parte, también tenían un día especial para honrar a sus muertos. Lo hacían, de acuerdo a la fe cristiana, el 1 de noviembre de cada año, el cual denominaban como El día de Todos los Santos, donde se honraba a los muertos (aunque la costumbre apareció en Europa alrededor del año 373 DC, el Papa Gregorio III instituyó oficialmente esta celebración en el año 731 DC). Con la Conquista del Perú, se produjo un sincretismo o fusión cultural, donde los indios siguieron adorando de forma encubierta a sus ídolos paganos “reconvertidos” en vírgenes y santos, tal como sucedió por ejemplo con Pachacámac, “metamorfoseado” en el Señor de los Milagros, como detallamos hace algunas semanas. Por ese motivo es que a partir de 1535, cuando fueron adoctrinados por los sacerdotes para convertirse al catolicismo - a través de la persuasión y casi siempre por la fuerza – estos se resignaron a honrar a sus muertos el 1 de noviembre, adaptándolo a sus costumbres y tradiciones. Es así como entre los años 1570 y 1650 se empezaron a hornear panes dulces en forma de bebé para la festividad del Día de los Muertos. Esta costumbre apareció en los pueblos andinos, mayormente en el Cuzco. Los investigadores aseguran que entonces se inició el rito popular de “bautizar” a los t´anta Wawas. Para entonces, los curas obligaban a los indígenas a bautizar a sus recién nacidos. Estos, que desconfiaban de los sacerdotes, acostumbraron orquestar una parodia de bautizo durante el 1 de noviembre. Un indio se disfrazaba de cura y “bautizaba” a los t’anta wawas en los mercados y en las numerosas plazas de cada pueblo. Aunque esta tradición se celebraba entre bromas y carcajadas, era una manera sútil de burlarse de los curas y un tácito acto de rebelión ante los españoles. Lo hacían por orgullo propio y para reafirmar su identidad indígena. Dicha actitud también se manifestaba en la decoración de los t’anta wawa. Nótese que la mayoría de estos panes son decorados con vestimenta indígena. De una forma u otra, luego de “bautizados”, la población acababa por devorarlos. Si bien la costumbre del “bautizo” aún se practica, no es tan frecuente como antaño. Actualmente para ese día, los panaderos andinos se esmeran en confeccionar t’anta wawas con los más variados diseños, formas y colores. Otras comunidades indígenas realizan exhibiciones y concursos, y también se aventuran a hornear t’anta Wawas de más de 12 metros de largo. Por cierto, estos panes son tradicionales no solo en el Cuzco, sino también en otras ciudades andinas del Perú , como Puno, Huancavelica, Huancayo y Ayacucho. Asimismo, son usadas como fetiches en ritos de curación de enfermedades psicosomáticas como el “animu qarkusqa” (pérdida del ánimo) para lo cual el t´anta wawa se elabora usando ropas del enfermo... De que sea o no efectivo, vaya uno a saber.

martes, 24 de octubre de 2023

MENSAJEROS DEL ENGAÑO: Demonios alienígenas y el Apocalipsis

Como sabéis, tanto en el Perú como en el resto del mundo, existen una serie de mitos y leyendas acerca de la llegada a nuestro planeta en tiempos inmemoriales de ‘seres celestiales’ provenientes de lejanos mundos mas allá de las estrellas- llamados ‘dioses’ - a impartir sus conocimientos a los hombres y que luego, una vez cumplida su misión, regresan por donde vinieron. (Viracocha, Naylamp, y Ai Apaec podrían ser claros ejemplos de ello) ¿Pero si en lugar de ‘dioses’, no serian en realidad demonios que buscan nuestra perdición? Al respecto, los eventos que rodean el fin de los tiempos, tal como se describen en la Biblia, incluirán una gran decepción (Mateo 24:24). Últimamente ha aumentado el interés por una teoría de que este engaño incluirá a seres extraterrestres. Por extraño que parezca, esta teoría es totalmente factible desde una perspectiva cristiana. Aunque la Biblia no nos dice nada sobre la existencia o no de los extraterrestres -no los incluye en el relato de la creación en el Génesis, ni los menciona en ninguna otra parte-, sí nos habla de visitantes de otro mundo: el mundo espiritual: los llamados ‘ángeles’. Desde el principio de los tiempos, se han registrado y presenciado visitas de demonios (ángeles caídos) a la Tierra. Del encuentro de Eva con Satanás sabemos que los demonios están interesados en vigilar (y alterar) el progreso de la humanidad. Quieren estar involucrados, con el propósito de hacer que la humanidad no adore a Dios, sino a ellos mismos. Otro claro ejemplo de su interacción con nosotros se encuentra en Génesis 6:4 con la llegada de los "hijos de Dios". El relato del Génesis afirma que estos poderosos seres tuvieron relaciones sexuales con mujeres y produjeron una super raza de seres conocidos como los Nefilim. Esto puede sonar a ciencia ficción, pero aparece en la Biblia. Hay semejanzas sorprendentes entre este relato y los relatos de otras culturas antiguas. Por ejemplo, los escritos de los antiguos sumerios (que fueron los primeros en producir un lenguaje escrito) mencionan la presencia de los "Anunnaki", que eran deidades que vinieron del cielo para habitar en la tierra con los hombres. También es interesante destacar que los dioses sumerios con frecuencia venían a ellos en forma de serpientes. Estos relatos, junto con las cosas asombrosas creadas por el hombre antiguo, permiten teorizar que los demonios, en forma de seres de otro mundo, vinieron a la tierra, trayendo sabiduría y conocimientos espectaculares a los hombres, y "casándose" con sus hijas en un intento de alejar a los hombres de Dios. De la experiencia de Eva con la serpiente ya vemos que los demonios utilizarán la tentación de la sabiduría superior para atrapar al hombre y comprobarán que el hombre es muy susceptible a ella. ¿Podría el final de los tiempos incluir un engaño alienígena similar? La Biblia no aborda este asunto directamente, pero sin duda es bastante creíble por varias razones. En primer lugar, la Biblia nos dice que el mundo se unirá bajo el poder del Anticristo. Para lograr un acuerdo entre todas las religiones del mundo, tendría sentido que ese "unificador" viniera de un lugar totalmente nuevo: una fuente extraterrestre. Es difícil imaginar que una religión se convierta en cabeza de todas las demás, a menos que un nuevo conocimiento sobrenatural fuera la fuente del atractivo y el poder de la nueva "religión". Esto estaría en línea con los engaños del pasado y sería una forma muy eficaz de engañar a un gran número de personas. En segundo lugar, este engaño podría dar una respuesta al problema de los orígenes de la tierra. La teoría científica de que la evolución de la vida en la tierra se generó espontáneamente aún no tiene respuesta para los inicios de la vida. Hay pruebas de un "big bang", pero eso sigue sin explicar qué causó que ello se produjera. Si llegaran seres alienigenas y nos dieran una explicación extraterrestre para la vida en la Tierra, los orígenes de las religiones del mundo e incluso los orígenes de nuestro planeta, sería muy convincente. Ahora bien, no debemos temer. El Señor ha dicho que no nos dejará ni nos abandonará, y que nos protegerá (1 Reyes 8:57; Mateo 10:31; Isaías 41:10). Los demonios/ángeles no son omnipotentes, ni omnipresentes. Jesús dijo que en los últimos tiempos Su aparición sería como el relámpago, fácilmente visible para todos. Dijo que desconfiáramos de cualquier ser que dijera "Yo soy el Cristo" o de cualquier grupo que dijera "Él está allá" o "Él está aquí dentro" (Mateo 24:23-24). Él dijo que los buitres se reúnen alrededor de un cadáver, lo que significa que si ves a un grupo de personas que se reúnen alrededor de alguien que dice ser Cristo, esa persona es la muerte y un falso profeta. Debemos desconfiar de cualquier persona o ser que haga señales y maravillas que no tengan base bíblica o que no obedezcan a Jesús, así como de cualquiera que ofrezca una forma de unir a las religiones o gobiernos del mundo (Apocalipsis 13:5-8), de cualquier ser que promueva relaciones sexuales antinaturales (Génesis 6:4; Judas 1:6-7) y, obviamente, de cualquier persona que niegue que Jesús es Dios (2 Juan 1:7). Además, cualquiera que presente a un Jesús "sustituto", que lo represente como "un dios pero no el Dios" o que afirme que fue simplemente un buen maestro, simplemente un humano, o incluso una criatura sobrehumana o extraterrestre, es un engañador. Por último, si los demonios que se manifiestan como extraterrestres son parte del final de los tiempos, debemos recordar que ellos también son seres creados sujetos a un Dios soberano y en última instancia responsables ante Él. Ya sea en forma alienígena o no, las descripciones de los demonios en Apocalipsis son aterradoras (Apocalipsis 9:1-12), pero no debemos temer a aquellos que pueden matar el cuerpo, sino sólo a Aquel que puede matar el cuerpo y el alma en el infierno (Mateo 10:28). No importa lo que nos suceda en la tierra, debemos confiar en que el Señor es el Salvador, Redentor y Protector de las almas de aquellos que ponen su confianza en Él (Salmo 9:10; 22:5). No debemos por ello dejarnos confundir por el Maligno, que se presentará de mil maneras para provocar nuestra ruina, sea como ‘un ángel de luz’ o ‘un ser celestial’. Los OVNIS por cierto ¿no serán el último gran engaño que prepara para la humanidad? ¿Acaso un engaño alienígena podría ser parte del fin de los tiempos?

martes, 17 de octubre de 2023

CASA DE PILATOS: La maldad de los judíos en toda su magnitud

Frente a la iglesia de San Francisco, sobre la antigua calle el Milagro (hoy jirón Ancash), existe una casona considerada como una de las más antiguas de Lima, de especial arquitectura, que no se asemeja a otras de las de la Ciudad de los Reyes. Que la casa perteneció a un conquistador, compañero de Francisco Pizarro, lo prueba la escalera que está colocada frente a la entrada; ya que parece que eso era una prerrogativa acordada por los conquistadores. Esta era una casa misteriosa, que se prestaba para toda clase de conjeturas; En efecto, todo el que pasaba delante de ella, sea limeño o extranjero, no dejaba de detenerse para ver con curiosidad el interior. Ricardo Palma cuenta al respecto en sus Tradiciones Peruanas que esta casa era conocida por la Casa de Pilatos. Pero ¿porque la denominaban así? Construida en 1590, medio siglo luego de la fundación de Lima y cuando los jesuitas acababan de llegar al Perú. Quien trazó los planos fue el padre Ruíz del Portillo, superior de esta orden, quien mantenía amistad con un rico mercader español apellidado Esquivel, propietario del terreno. Precisamente, el Monasterio de San Francisco se había terminado de construir en 1546, y de la obra habían sobrado maderas y ladrillos que Esquivel aprovechó en comprar a un ínfimo precio; Así, el mismo arquitecto que edificaba el Colegio Máximo de San Pablo, se encargó de construir la casona, un edificio sólido, resistente a los temblores, que, ciertamente, no son pocos los que ha resistido. Se decía que en los sótanos existía una ancha galería que comunicaba con el convento de San Pedro donde habitaron los jesuitas. Palma cuenta que ese subterráneo era un lugar que le venía de perilla a los futuros escritores, ya que ahí se podían crear muchas historias de conspiraciones. ¿Pero para qué se hizo ese subterráneo? Ni Palma lo sabía ni tampoco le interesaba saberlo. Hasta 1635 la casa sirvió de posada para mineros y comerciantes portugueses. Por esa época, la plaza del mercado se situaba en San Francisco y el patio de la casa fue ocupado por los vendedores de frutas. La casona fue heredada por doña María de Esquivel y Járava, esposa de un general español; Muerta ella, la Inquisición, por deudas contraídas y tras tres años de juicio, decidió rematarla. Don Diego Esquivel y Járava, de origen cuzqueño, no quiso que la propiedad de su tía abuela pasara a familias extrañas por lo que pagó la deuda de los acreedores. Fue luego de la Independencia cuando la casona pasó a otros propietarios. Sin embargo, hay quien no deja de preguntarse ¿Pero por qué se llama Casa de Pilatos? Hay una versión que nos da el motivo. Según se dice, en agosto de 1635 y cuando la casa estaba arrendada a mineros y comerciantes portugueses, pasó por ella un viernes por la noche, un joven que había tomado unos tragos de más. El joven al notar que la puerta estaba sin cerrojo, ingresó, al ver luces en los altos y escuchar ruidos de gente, pensó que se trataba de una jarana, subió por la escalera de piedra. Al llegar al segundo piso, caminó por los corredores hasta llegar a una ventana, pudo ver, a través de ella, que se trataba de un gran salón cuyas paredes estaban tapizadas de un género color negro. Notó que bajo un dosel estaba el hombre más acaudalado de la ciudad, el portugués don Manuel Bautista Pérez, y hasta cien compatriotas suyos sentados en unos escaños escuchando en silencio el discurso de Pérez Bautista. Frente al dosel, había un crucifijo en tamaño natural. Cuando terminó de hablar Pérez, todos los asistentes, menos él, fueron por turno levantándose de sus asientos, avanzaban hacia el crucifijo y todos iniciaban a flagelar al Cristo. Pérez - como Pilatos - autorizaba este castigo. El intruso no pudo ver más, se escapó como pudo de la casa y fue con el dato a la Inquisición que a las pocas horas les echó la mano a Pérez Bautista y a los cien judíos portugueses, mientras el crucifijo profanado fue llevado en procesión a la iglesia de San Pedro. Bajo tormento Bautista confeso que era el rabino de la congregación y que utilizaba la casona como sinagoga para sus aberrantes prácticas. Por ese motivo, este sujeto junto con diez de sus correligionarios, fueron quemados vivos en el auto de fe de 1639. Asimismo, cincuenta portugueses más fueron castigados a latigazos, todos ellos poseedores una gran fortuna que les fueron embargados y obligados bajo pena de muerte a que se ‘conviertan’ en cristianos. Demás está decir que muchos de ellos no aceptaron el trato y terminaron de combustible para la hoguera. Entretanto, al judío Bautista Pérez los limeños le pusieron el apodo de Pilatos, y desde entonces, la casona quedó bautizada con ese nombre. Cabe destacar que en el siglo XIX, cuando llegó la Independencia a toda América, fue en esa casona donde funcionó la primera logia masónica preparatoria para la llegada de San Martín. Tras ser comprada por el gobierno peruano durante el segundo gobierno de Manuel Prado, se convirtió en sede de la Casa de Cultura (antecesora del Instituto Nacional de Cultura) hasta que tras la promulgación de la constitución de 1993 se instalo el Tribunal Constitucional (TC) que hasta ahora la ocupa. No cabe duda que hoy como ayer, los crímenes de odio practicados por los judíos no ha cambiado un ápice, y si Occidente no fuera cristiano, hace mucho que su presencia en Tierra Santa hubiera sido arrasada - ya fueran iglesias o monasterios - como hacen con las mezquitas de los musulmanes, exterminando además a sus feligreses como actualmente ocurre en Gaza. Pero ganas de hacerlo no les falta, como demuestra la existencia de grupos extremistas que hostilizan a las pequeñas comunidades cristianas, vandalizando sus lugares sagrados y en más de una ocasión las han incendiado, como ocurre especialmente con la Abadía de la Dormición, blanco frecuente de estos criminales que son alentados por el ocupante sionista. Y luego, son estos los que se dan de “victimas” cuando en realidad son los verdugos. Siempre lo han sido. De ello no hay duda alguna. Y en cuanto a la Casa de Pilatos, un acertado nombre por el acto de profanación cometido por los judíos, siendo castigados como merecían.

martes, 10 de octubre de 2023

PACHACÁMAC: El verdadero “Señor de los Milagros”

Como sabéis, en el país andino se venera cada mes de octubre la imagen del llamado ‘Señor de los Milagros’ quien es paseado en andas por las calles con gran asistencia de feligreses, creyendo en que mediante sus oraciones, puede ayudarlos en la solución de sus problemas. Pero lo que no saben es que no están adorando al Cristo Crucificado, como la Iglesia Católica insiste en hacerles creer, sino a una antiquísima deidad prehispánica llamada Pachacámac (‘el que mueve el mundo’) que tras la llegada de los españoles en el siglo XVI - quienes impusieron el cristianismo a los indios, mediante la extirpación de sus idolatrías y adoptar obligatoriamente la nueva religión - se ‘metamorfoseo’ transformándose en el llamado ‘Señor de los Milagros’ Ello ocurrió debido al sincretismo religioso, que también se dio en otros lugares de América, donde sus deidades ancestrales fueron reemplazados por vírgenes y santos ‘cristianos’, a los cuales al adorarlos, continuaron en realidad rindiendo homenaje a sus antiguos dioses. Así por ejemplo, el ya citado ‘Señor de los Milagros’, es considerado actualmente como “protector de la población contra los terremotos en la costa peruana”, cuando en realidad Pachacámac ya era conocido de esa manera por las antiguas civilizaciones que precedieron a la llegada de los españoles; Otro caso similar fue La Virgen María, asimilada a la de la Pachamama (o madre tierra), como se evidencia en el cuadro La Virgen del Cerro - de autor anónimo - perteneciente a la Escuela Cuzqueña; Por su parte, el apóstol Santiago, que en España es venerado como un santo luchador y fue llamado ‘Matamoros’ por considerarse que había colaborado a los españoles en su lucha contra los musulmanes, fue asociado a Illapa, el dios del rayo, y renombrado como ‘Mataindios’; Diversos historiadores encuentran una asociación entre Illapa y los arcángeles arcabuceros de la Escuela Cuzqueña en cuanto éstos son capaces de hacer fuego con sus armas. Pero aparte de sus templos, los nativos también adoraban a ciertas montañas - denominadas Apus - y les hacían toda clase de ofrendas. Cuando los españoles se dieron cuenta que las montañas eran deidades sagradas para los indígenas, colocaron una cruz sobre ellas, como una forma de imposición de la religión católica sobre las creencias nativas, cruces que hasta la actualidad pueden observarse en varias de ellas. Luego del fracaso de los primeros intentos de evangelización forzosa, los religiosos adoptaron criterios más flexibles y permitieron que el sincretismo se exprese en todas sus manifestaciones. Así, los indios se apropiaron de símbolos cristianos con el fin de expresar su propia religiosidad. Pero volviendo a nuestro tema de fondo - el llamado ‘Señor de los Milagros’ - la conocida historiadora peruana María Rostworowski de Diez Canseco, escribió en 1992 un libro titulado Pachacámac y el Señor de los Milagros; Una trayectoria milenaria, que considero muy interesante, porque nos presenta algunos detalles que vale la pena recalcar. La primera particularidad de este libro, es la ligazón entre mitos e historia prehispánica del culto de Pachacámac, uno de los más importantes y auténticamente panandinos, y un fenómeno muy sui-géneris en el mundo católico, que es el culto al Señor de los Milagros. La primera parte del libro está dedicada a los mitos que originan el culto a Pachacámac, que es un culto preincaico, comparándolo con otros mitos de la sierra y de la selva (éstos son muy interesantes, porque son poco conocidos). La cosmogonía andina es resumida, y constituye además una buena introducción para quienes no son expertos en el tema, y han tirado la toalla sin completar la lectura de, por ejemplo, Los Dioses y hombres de Huarochirí del padre Ávila. A continuación, el libro presenta la historia de Pachacámac y sus alrededores durante los felices tiempos del Virreynato y las relaciones entre españoles, indios, y negros. Un hecho interesante a este respecto es cómo los primeros aparentemente incentivaron la hostilidad entre nativos y negros, aparentemente como una práctica de "divide y vencerás" que siempre funciona. Como ejemplo, María menciona la prohibición establecida "contra las uniones de negros e indias". También es notable la evidencia presentada de que era común que curacas poseyeran esclavos africanos, particularmente en los inicios de la Colonia. Y aún más, María cita un estudio que muestra que una comunidad andina compró esclavos para que construyeran un puente sobre el profundo río Apurímac, evitando de este modo la mita o trabajo personal. Pero resulta que por aquellos tiempos, un grupo de indios provenientes de Pachacámac fueron llevados a trabajar en las huertas de Lima, trayendo sin duda muy vivo el recuerdo de su dios principal, uno de cuyos principales poderes era precisamente protegerlos contra los terremotos. Poco a poco, la tradición se fue "cristianizando", y ya en 1771 se hablaba del ‘Señor de los Milagros’ que no es otro que Pachacámac, presentado como Cristo en la cruz. Al diluirse la población indígena en la costa, aparecieron las primeras cofradías de negros (entre ellas una del lugar de la ciudad de Lima donde habían vivido los indios de Pachacámac, llamado precisamente Pachacamilla) adoptando la religión ‘cristiana’ que allí se practicaba. En el terremoto de 1655, el casi abandonado mural del Cristo de Pachacamilla vio resurgir su popularidad, al no haberse caído, como prácticamente todo lo demás a su alrededor. Calificado este hecho fortuito de ‘milagroso’, dio origen a una enfervorizada pero equivocada adoración que persiste hasta el día de hoy, ya que a quien los peruanos tendrían que rendir sus plegarias debería ser a Pachacámac y no a quien tomo su lugar ¿no os parece?

martes, 3 de octubre de 2023

EL DUENDE DE LA BAJADA DE LOS BAÑOS DE BARRANCO: Extraña criatura de la noche

Lima es una ciudad en la que no solo se han tejido, y todavía se tejen, las más increíbles historias de toda índole. Pero también hay de las que pocos hablan, por ser consideradas bajo lo que se conoce como paranormal, aunque no suelen ser más que relatos de excesiva imaginación o sugestión. Estas historias se han convertido en parte de la cultura popular. Incluso sin haber sido testigos de los acontecimientos, aun así, estos relatos pueden ponernos la piel de gallina. Uno de los lugares predilectos en donde se pueden escuchar estos relatos casi como cosa cotidiana es Barranco. Este pequeño distrito es conocido por su vida bohemia y lo enigmático de sus pequeñas y coloridas calles. Y por algunos eventos que los rumores dicen que suelen ocurrir en la zona conocida como la Bajada de los Baños. Originalmente fue un camino empinado construido a finales del siglo XIX, para acceder a la orilla del mar, debido a que la ruta original fue clausurada, para instalar la Iglesia de la Ermita, En este pintoresco punto de Lima hay una historia que más de un vecino barranquino asegura haber vivido. Se trata de una jovencita en etapa escolar que, aprovechando que estaba de vacaciones, decidió ganarse unas monedas trabajando en un restaurante de propiedad de un amigo de su abuela. El local se encuentra en la bajada que lleva camino a la playa, frente al emblemático Puente de los Suspiros. Todo iba normal hasta que una noche, su enamorado llegó a buscarla a la salida para acompañarla a casa. Esa acción era usual, pero esa vez todo sería diferente. El muchacho entró a los tumbos al local, agitado y empapado de sudor. Preocupada por ver a su pareja en ese estado, le preguntó si había sido víctima de un robo, ya que ahora con mayor frecuencia, los malhechores se aprovechan de la oscuridad de la noche para realizar sus fechorías. Pero lo que escuchó la dejó pasmada. Mientras tomaba torpemente un vaso de agua que le había acercado previamente el dueño del restaurante el chico comenzó a relatar lo que le había sucedido. En una noche de verano más, cuando llegó la hora de ir a buscar a su amada. Pero al darse cuenta que todavía era temprano para pasar por ella, decidió caminar un poco más camino a la playa. Más adelante, oyó unos ruidos como de otras personas que reían y hablaban. La curiosidad le ganó y continuó avanzando para ver de quién se trataba. Hasta que llegó al punto donde se dobla para pasar por el puente y sintió y escalofrío que le recorría el cuerpo, ya que no había nadie en el puente. Sin embargo, las risas y las voces altas seguían escuchando, pero ahora detrás de él. En un principio solo se quedó mirando la profundidad del mar, pero el miedo ya lo invadía y optó por regresar corriendo por donde vino. Pero al voltear vio un ser de tamaño pequeño, como si fuera un niño. De largos cabellos, no tenía zapatos y sus manos y pies eran de color azulado. Además estaba dotado de alas parecidas a las de las libélulas. Al percatarse de la presencia del joven, el extraño ser elevó con rapidez sobre uno de los árboles y desapareció entre el follaje. Y con las pocas fuerzas que aún le quedaban luego de tamaña impresión, quien lo vio llegó al restaurante. Más sorprendidos, si es que se podía, quedó la joven pareja al escuchar al dueño del establecimiento que él ya lo había visto en más de una oportunidad. Decía que solía cuidar los locales de la zona cuando estaban cerrados y su presencia mantenía a alejados a los ladrones. Asimismo, llamo mucho la atención de que no se parece en nada a otros duendes peruanos, viejos y de piel arrugada que mayormente viven en el subsuelo. Pero al tratarse de un ser demoniaco, bien puede cambiar de apariencia para captar victimas. Como podéis imaginar, la pareja no regreso nunca más por ese lugar. Se dice desde entonces que la extraña criatura sigue apareciéndose por la zona, y si bien algunos envalentonados han querido atraparlo, nunca han podido lograr su objetivo, porque es muy escurridizo ¿Alguna vez lograran su propósito?