TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 28 de junio de 2022

EXCEPCIONAL DESCUBRIMIENTO: Hallan un extraño objeto en forma de espiral vagando por la Vía Láctea

Un equipo de astrónomos ha descubierto un disco protoestelar masivo en el centro de la Vía Láctea. Los discos de acreción, también conocidos como "discos protoestelares", son componentes clave en la formación de las estrellas. Estos discos alimentan continuamente gas a las protoestrellas desde su entorno más próximo. En este sentido, son cunas estelares donde nacen y se crían las estrellas. El misterioso objeto está ubicado a 26 000 años luz de distancia de la Tierra y, según los expertos, investigadores del Observatorio Astronómico de Shanghái (SHAO), de la Academia de Ciencias de China, parece una mini galaxia con forma de espiral que gira alrededor del centro galáctico, informa Space. Los científicos utilizaron observaciones de alta definición tomadas con el telescopio ALMA, en Chile, para descubrir esta extraña estructura que, lejos de ser una pequeña galaxia es, en realidad, una gigantesca estrella errante y “deformada”, afectada por la colisión con un cuerpo intruso durante su etapa de formación. La estrella de tipo O, ubicada cerca del denso y polvoriento centro galáctico, es unas 32 veces más masiva que nuestro Sol y se encuentra dentro de un enorme disco de gas en remolino, conocido como "disco protoestelar". Según explican los autores de la investigación, el disco parecía haber sido literalmente agitado por una colisión cercana con otro cuerpo, posiblemente el misterioso objeto del tamaño de un triple sol que todavía es visible cerca de él. Si el objeto siguió un camino específico, podría haber pasado rozando el disco hace unos 12 000 años, perturbando el polvo lo suficiente como para dar como resultado la vívida forma espiral que podemos ver actualmente. "La buena combinación entre los cálculos analíticos, la simulación numérica y las observaciones de ALMA brindan evidencia sólida de que los brazos espirales en el disco son reliquias del sobrevuelo del objeto intruso", aduce Lu Xing, investigador asociado del Observatorio Astronómico de la Academia China de Ciencias y coautor del trabajo. Usando estas observaciones, el equipo de investigación logró una resolución de 40 milisegundos de arco. Con estas observaciones de alta resolución y alta sensibilidad, el equipo descubrió un disco de acreción en el centro galáctico. Reprodujeron con éxito toda la historia del objeto que volaba por el disco hace más de 10.000 años, cuando habría provocado espirales en el disco. El descubrimiento sugiere que las estrellas tempranas masivas de tipo O pasan por una fase de formación que involucra discos de acreción, y esta conclusión es válida para el entorno único del centro galáctico. Lo más llamativo de todo es que los dos brazos espirales del disco son visibles. Dichos brazos se encuentran generalmente en las galaxias espirales, pero rara vez en los discos protoestelares. Los brazos espirales en los discos de acreción generalmente se forman debido a la fragmentación inducida por la inestabilidad gravitatoria. "Este hallazgo demuestra que los discos de acreción en las primeras etapas evolutivas de la formación de estrellas están sujetos a procesos dinámicos frecuentes, como sobrevuelos, y estos procesos pueden influir sustancialmente en la formación de estrellas y planetas. La formación de esta protoestrella masiva es similar a la de sus primos de menor masa como el Sol, con discos de acreción y eventos de sobrevuelo involucrados. Aunque las masas estelares son diferentes, ciertos mecanismos físicos en la formación de estrellas podrían ser los mismos. Esto proporciona pistas importantes para resolver el misterio de la formación de estrellas masivas”, concluyen los expertos. ¿Podría representar esto que el centro de nuestra galaxia está repleto de espirales en miniatura como están esperando ser descubiertas?

martes, 21 de junio de 2022

CORPUS CHRISTI: Una Divina Asamblea en la Catedral del Cuzco

Como sabéis, la festividad del Corpus Christi es considerada una de las celebraciones religiosas católicas más multitudinarias que se realiza durante el mes de junio en el Cuzco. Consiste en la salida y procesión de 15 imágenes de santos, santas y de advocaciones de la virgen María, procedentes de las distintas iglesias de la Ciudad Imperial, que se encuentran en la Plaza Mayor para saludar al “cuerpo de Cristo” representado por el Señor de los Temblores. Una conocida leyenda afirma al respecto que durante su estadía en el interior la Catedral cuzqueña y tras ser convocados por el “Taytacha” (Como denominan familiarmente al Señor de los Temblores), los santos y vírgenes cobran vida en el recinto religioso, donde asisten a una divina asamblea en el cual rinden cuenta del comportamiento de sus devotos. De acuerdo a la gravedad de los pecados presentados, el Señor de los Temblores decide el castigo que han de sufrir quienes los han cometido, aunque se dice que las vírgenes suplican al “Taytacha” el perdón para sus feligreses y piden que no los castiguen. El resultado de sus pedidos se ven en los rostros de las imágenes durante la procesión subsiguiente, para saber si en el futuro habrá castigos en forma de temblores para el Cuzco ¿Y quienes participan en la reunión? Comenzamos con San Antonio quien sale temprano de su templo y presuroso hacia la iglesia de San Pedro para pedirle las llaves que abrirán las puertas de la catedral. Vaya responsabilidad; Le siguen dos santos: San Jerónimo y San Sebastián, quienes luego de misa protagonizan casi siempre una carrera (procesión) para ver quien llega primero a la Catedral, aunque el ganador siempre resulta San Jerónimo, quien lleva consigo un león que espera devorarse al jabalí de San Blas; En la gran procesión también encontramos a un celoso San José, quien tomando de la mano al niño Jesús avanza veloz casi codeándose con la Virgen de Belén, con quien comparte. Dice el mito que por su ‘coquetería’ la virgen es cortejada por el patrón Santiago montando a caballo; Pero en el recorrido hay un santo que resalta por la acogida en la platea femenina. San Cristóbal es considerado el más atractivo de los santos, y su robusto cuerpo despierta la atención de las jovencitas. Pero no sólo es un santo encantador, sino que también es querido por los viajeros que lo tienen como patrón de sus rutas; Otra es la historia de Santiago, conocido por su militancia en la infantería de la guerra cristiana, junto a su amigo San Sebástian, quien era de caballería. Un día Santiago le pidió prestado el caballo, pero nunca lo devolvió y el santo desnudo (Sebastián) murió flechado. A veces los santos y vírgenes piden que Santiago no entre montando a la catedral porque causa alboroto; No nos olvidamos de las vírgenes. La Virgen Purificada es recordada como ‘La Millonaria’ por sus costosas joyas. A la Virgen de Belén ya la conocen, y entre otras santas resalta la Virgen de La Natividad, anfitriona en su recinto (la Catedral) y encargada de cerrar las puertas del templo para que los quince santos y vírgenes pasen la noche. Una noche corta porque estando entre santos el tiempo pasa más rápido. Al día siguiente, todos salen la festividad central del Corpus Christi, tras lo cual regresan a sus iglesias, prometiendo repetir la fiesta el próximo año. Cabe precisar que esta celebración religiosa se inicio tras la llegada de los españoles al Cuzco, quienes vieron como los incas rendían culto a sus deidades o momias con una procesión como antesala al Inti Raymi. Los jesuitas tildaron esta costumbre de pagana e introdujeron en su lugar las imágenes de santos y vírgenes. Así nació esta festividad durante los felices tiempos del virreynato y que perduran hasta el día de hoy.

martes, 14 de junio de 2022

TIAHUANACO: ¿Los supervivientes de la Atlántida?

El mundo primigenio, oscuro, sin Luna ni Sol, ni tampoco astros, fue habitado por expreso deseo de la divinidad por una raza de gigantes, que el propio creador se encargó de adoctrinar. A continuación dio forma al hombre, a quién advirtió que tenía que vivir en paz y profesarle veneración; de lo contrario sufriría las consecuencias. Y luego, como no podía ser de otra forma, el desastre… El hombre, que como ya se sabe es un lobo con piel de cordero, al principio respetó la decisión de Viracocha, pero no tardaron en surgir las primeras envidias, producto de las bajas pasiones y los enconados enfrentamientos que tiñeron de sangre esa tierra sagrada. El dios, mostrándose inmisericorde, recordó la advertencia y a continuación les envió el Unu Pachacuti, el gran diluvio que asoló el mundo. Así, cuando la catástrofe pasó, el gran Viracocha retornó con la difícil misión de repoblar el mundo; de crear nuevas ciudades; de dar vida allí donde se había perdido. Sin embargo, en lo alto de los Andes - en territorio antiguamente peruano y que hoy es parte de Bolivia - donde las aguas mansas del legendario Titicaca se transforman en un mar de altura, una ciudad sobrevivió al descomunal evento; la casa de los gigantes a la que Viracocha descendió para poner orden entre el caos: Tiahuanaco. La Bolivia de hoy poco se diferencia a la de ese tiempo. El país está surcado por cientos de pistas sin asfaltar, que conducen a un extremo y a otro, desde las profundas selvas hasta las alturas del altiplano. Es ahí, donde las aguas sagradas del Titicaca bañan sus márgenes en los que únicamente las ralas gramíneas crecen para gozo y disfrute de las vacas y ovejas que trajeron quienes llegaron desde latitudes más amables. Los animales se aclimataron a la fuerza, por lo que el hombre, más tozudo que éstos, acabó por hacerse con el medio, compartiendo hogar con las alpacas y vicuñas que trotaban gozosas por estos páramos. Y es que es importante destacar que las ruinas se sitúan a casi cuatro mil metros de altura, donde la carencia de oxígeno es casi nociva para la vida. Aún así los que decidieron llegar hasta aquí y fundar su civilización, fuera esta de origen divino o producto de la cabezonería del ser humano, movieron tal cantidad de piedras, y de tamaño tan descomunal, que a día de hoy resulta todo un absurdo. Pasear por Tiahuanaco es ser consciente de que en cualquier momento el entorno nos puede jugar una mala pasada; hay que ir tranquilos porque el temido edema cerebral ronda a aquellos que van con excesivas prisas. Huelga decir que merece la pena, porque si los arqueólogos no se equivocan estamos ante la ciudad-templo más antigua de América, de la que, según los mitos, habrían de partir las grandes culturas que en siglos posteriores poblarían el continente. Pero hoy no es sino la sombra de lo que fue; ocurre con demasiada frecuencia. Las necesidades que surgen en momentos puntuales de cada tiempo llevaron a los indios a arrancar sus piedras para construir la ciudad de La Paz, que se encuentra a algo más de setenta kilómetros, o para asentar el firme sobre el que habría de discurrir el ferrocarril que hoy llega hasta las puertas de Tiahuanaco. Aún así, estimándose en una tercera parte lo que de aquello nos ha llegado, es simplemente sorprendente. Mucho más si pensamos que las dataciones más fiables otorgan al impresionante conjunto pétreo la nada desechable edad de cuatro milenios. En su momento culmen, cuando la cultura Tiahuanaco floreció asombrando a los que por vez primera contemplaron la majestuosidad de sus palacios y templos, el lugar estaba surcado por canales que protegían las cosechas del duro calor matutino; por la noche la humedad evaporada regresaba en forma de espesas neblinas, evitando que las heladas acabaran con la siembra, lo que a estas alturas hubiera sido sinónimo de hambruna y muerte. Además, la proximidad del Titicaca facilitaba que el tránsito de productos propios del lago con otros de origen agrícola fuera constante. En suma, los habitantes de Tiahuanaco fueron capaces de crear un microcosmos a casi cuatro kilómetros de altitud, rodeados de montañas que partían en dos el manto celeste; y además, que en él se pudiera vivir con cierta comodidad. El avance de esta sociedad es palpable en su arte, donde modelaron el oro y la plata con tal criterio que acabaron siendo una influencia capital en el arte de culturas posteriores. Pero es que además trabajaron el bronce, cuando el resto de pueblos del planeta se removían con dificultades entre los lodos de la Edad de Piedra, lo que les otorgó un nivel superior en todo conflicto, que frente a sus armas y protecciones de metal sólo podían oponer el grosor de la madera. Claro está que los tiahuanacos estaban señalados por la mano directa de Viracocha, y el resto de pueblos no… Acceder a su interior, en mitad del altiplano, donde la luz es tan intensa que salvo con gafas de protección adecuada corremos el serio riesgo de sufrir daños en la retina, es palpar lo que de leerlo jamás podríamos creer. Si ya es una tarea ardua elevar rocas de este tamaño en latitudes más benignas, en este rincón de los Andes, donde las montañas crecen hasta perderse más allá de las nubes, parece misión imposible. Pero allí siguen, a veces cubiertas por las nieves y otras por el polvo, porque en este mundo intermedio no hay, precisamente, término medio. A la vista está que, como si formara parte de un ideograma metido a presión en nuestro paleocerebro más profundo, también aquí se elevaron pirámides; quizá no tan perfectas como las egipcias o tan descomunales como las mayas, pero pirámides al fin y al cabo. En base a los yacimientos se supone que pudo haber siete, de aproximadamente diecisiete metros de altura como si de mastabas se tratase; plataformas superpuestas una encima de otra, de las cuales la más célebre fue la pirámide de Akapana. Cuentan las crónicas –en un sano ejercicio por evadir la casualidad– que el diecisiete era número mágico para los antiguos habitantes de estas tierras. Y no sólo eso: además siete eran sus constelaciones principales, y siete los puntos cardinales, por lo que no parece cuestión aleatoria el número de pirámides, y el número de metros. Levantada con el firme propósito de adorar a unos dioses algo díscolos y malhumorados - como casi todos los que pululan en las tradiciones antiguas -, en su tiempo de mayor apogeo se supone que en la urbe pudieron habitar unas cuarenta mil personas, aunque hay cronistas que van mucho más allá, y quién sabe si dejándose llevar por las descomunales dimensiones de la ciudad engordan las cifras sobremanera asegurando que dio cobijo a más de trescientas mil. Fueran cuatro o trescientas, en sus cabezas se gestó una idea común: aquel debía ser lugar de oración y recogimiento; de veneración a aquellos que procedían de las estrellas. Y para tal fin se elevaron templos como la Kalasasaya, que tuvo de tener una importancia capital en el pasado porque fue excavado varios metros bajo el suelo. Su estancia más destacable es una enorme piscina cuyas paredes, como si se tratase de trofeos, aparecen adornadas de enormes cabezas de felinos y hombres; todas distintas, todas con expresiones inolvidables y aterradoras… Allí, bajo el nivel de la tierra se hallaban más cerca de la Pachamama, el centro energético del que creían obtenían los hechiceros y chamanes todo su poder. Pero si impactante es acceder al templo citado por sus fabulosas escaleras de andesita, cuya piedra pulida fue tocada por estos hombres que creían manejar la magia con destreza –quién sabe–, más lo es observar la grandeza de los monolitos de Bennet y Ponce, dos impresionantes estatuas de siete metros únicas en América que muestran a unos extraños personajes encajados en estos rectángulos de piedra, con el curioso detalle anatómico de que sólo tienen cuatro dedos en cada mano. Ante tanta fastuosidad no deja de sorprender el final de esta enigmática civilización. En las leyendas, que aparecen representadas de manera fidedigna en su arte cerámico con claridad meridiana, afirman que atisbando su final, decidieron enviar a los hombres y mujeres más inteligentes y fornidos más allá de las montañas para que fundaran nuevas ciudades, y de este modo, pese a la catástrofe de dimensiones apocalípticas que se avecinaba, salvaguardar su cultura y sus tradiciones, como sucedió por ejemplo con la de los Incas, donde Manco Capac y Mama Ocllo “llegaron del otro lado del lago” (Tiahuanaco), para fundar el Cuzco y con él su Imperio. Pero, ¿por qué imaginaron los tiahuanacos que su mundo se acababa? ¿Qué previeron estas gentes? ¿Acaso fue un aviso de las estrellas, dado el avanzado conocimiento que poseían de la astronomía? Es imposible responder, pero lo que es indudable es que en ese pasado ignoto algo ocurrió, algo tan horrible como para marcar el inicio del fin de su tiempo. No obstante si hay un lugar que atrapa, no tanto por su belleza como por su misterio, esa es la llamada “Portada del Sol” una estructura, simple de trazas pero compleja de significado: Es la 'puerta de los dioses', tal y como la siguen llamando los indígenas que viven en los alrededores. Aún hoy es considerada la entrada que controla el espacio y el tiempo para estos pueblos andinos. La puerta en mención –3 metros de alto por 3,75 de ancho– impresiona cuando uno se sitúa frente a ella. Lo primero que uno se pregunta al verlo es qué hace allí en medio de la nada, y al parecer fue parte de una edificación ya desaparecida y del cual solo sobrevivió la parte delantera del mismo. Partida por su dintel, parece mantenerse milagrosamente en pie a pesar de la gran rotura. Cuando se interroga a los habitantes de la zona por dicho resquebrajamiento la respuesta siempre es la misma: “los tiahuanacos desobedecieron a sus dioses y éstos les mandaron una piedra desde el cielo para acabar con la puerta que les daba acceso a los conocimientos superiores que les otorgaban los seres dominadores: los viracochas”. En la parte superior de la misma se puede atisbar una especie de guerrero con dos mazas en las manos. Su rostro asemeja a un jaguar, el animal sagrado para todas las culturas de esta enigmática América. Este hombre tiene un tocado del que sale una especie de antenas deformes; son rostros humanos colgando de su penacho, y a ambos lados unos pájaros con bastones de mando, en gesto de sumisión ante la figura central. Además, sembrando todo el dintel, decenas de figuras componen una especie de petroglifo de altísima calidad, que las mentes pensantes y científicas han interpretado como un calendario basado en 290 lunas. Se trata de un calendario lunar, no solar, de 365 días, demasiado perfecto para ese tiempo… Aproximadamente en el 950, y sin aparente explicación, esta civilización desapareció sin dejar rastro. La ciudad fue abandonada y así ha permanecido hasta nuestros días. Lo españoles llegaron a la zona en 1533 y encontraron las ruinas de lo ocurrido seiscientos años antes. Y ya nadie reconstruyó aquello. En la antigüedad, tras la toma y destrucción de las urbes por el enemigo, se levantaban nuevas sobre las ruinas, unas sobre otras, según se iban conquistando. Tiahuanaco fue la excepción. Y es que se tomaron gran trabajo quienes destruyeron el sagrado lugar, poniendo un especial énfasis en que no quedase piedra sobre piedra". A partir de la cultura Tiahuanaco todos los pueblos andinos esperaron el retorno de Viracocha, el hombre que vino de las estrellas y contactó con ellos, proporcionándoles todos sus conocimientos. Aquel Viracocha que los primeros indígenas veneraban con pasión, hasta el punto de que confundieron a los primeros españoles con el gran dios del que todas las tradiciones anunciaban su regreso. Hay más "secretos" que Tiahuanaco se resiste a desvelar. Porque si atendemos a la teoría esbozada por los investigadores Ponansky y Muller, si establecemos una comparación de la altura actual del gran lago Titicaca con la que debía de tener cuando se elevaron las primeras piedras de Tiahuanaco, es posible, al igual que sucedió con los estudios estratigráficos realizados con la Esfinge de Gizah en Egipto, dar con una datación más o menos aproximada. Dicho y hecho. Midiendo la altura de las orillas del lago hoy, en comparación con la que debía tener cuando se levantó la ciudad, ayudaría a dar con una datación más o menos fundamentada. Así, estableciendo un cálculo de probabilidades que marcaría un margen de error causado no sólo por fenómenos de tipo meteorológico sino también geológico, tales pudieran ser movimientos de placas o seísmos, llegaron a la conclusión de que la ciudad andina no se fundó tres milenios y medio atrás, sino aproximadamente hace quince mil (baste recordar que la esfinge, mediante el citado método fue datada en una edad imposible para la cultura que supuestamente la modeló: diez milenios anterior a nuestra era) . Así, de confirmarse –o ser aceptados– estos datos, nos encontraríamos ante la ciudad más antigua de la historia, de cuyos habitantes, dicho sea de paso, no sabemos absolutamente nada. Otro "misterio" interesante: en el año 1873, mientras se llevaban a cabo las labores de excavación de la mítica ciudad de Troya se hallaron unas cerámicas, vasijas y monedas que si en un principio pasaron desapercibidas entre las hileras de cajones con restos troyanos, poco luego despertaron el interés de los arqueólogos al comprobar que eran en mucho similares a otras extraídas del altiplano de Bolivia. ¿Cómo era posible? No tenía sentido. Y no quedó ahí. Cuando los transportaron al mayor almacén de objetos expoliados de ese tiempo, el museo del Louvre, tras analizarlos se quedaron patidifusos al comprobar que las piezas estaban compuestas por un material –el barro–, pero cuya procedencia, dados sus compuestos esenciales, ni se podía ubicar en los Andes, ni tampoco en las llanuras de Troya. Las joyas, además, estaban formadas por complicadas aleaciones de oro, plata y platino, composiciones que no se lograrían hasta varios siglos más tarde… La conexión entre civilizaciones en épocas remotas quedó aparentemente explicada en el hecho de que tanto pueblos de América como del norte de África construían pirámides y adoraban al Sol. Esa era la base de las teorías difusionistas que el ya citado Thor Heyerdalh, el gran explorador noruego, intentó demostrar a lo largo de su vida. Es posible que sea la única manera de explicar el porqué a estas coincidencias; hubo una cultura madre llamada Tiahuanaco de la que posteriormente se derivarían el resto de grandes civilizaciones de su época, y de otras posteriores. De este modo, y no de otro, podríamos explicar por qué en 1992 se descubrieron unos cuerpos momificados en Egipto –hasta aquí todo normal– de cuyo interior se extrajeron hojas de coca, la planta maldita de los Andes...

martes, 7 de junio de 2022

WAKCHA: Siniestros espíritus errantes de la oscuridad

Protagonista de diversos mitos y leyendas en la zona, el Wakcha (que en lengua nativa significa pobre, huérfano o desamparado) es un extraño búho miniatura que fue descubierto en la selva peruana en 1976 y es considerado uno de los más pequeños del mundo, el cual se encuentra en proceso de extinción. Cabe precisar ante todo que no se trata del Urcututo, que es de gran tamaño y del cual ya nos ocupamos en una anterior oportunidad. El Wakcha es diminuto, pero igual de letal. Conocido con el nombre científico de Xenoglaux loweryi, esta pequeña ave se caracteriza por poseer largas plumas faciales, tiene un tamaño de 13 a 14 centímetros aproximadamente y un peso de aproximadamente 48 gramos, es casi del tamaño de un puño. Tiene un plumaje principalmente marrón con el vientre y las cejas de color blanquecino. Los ojos son grandes y de color naranja-marrón. Aunque no tiene mechones en las orejas, las plumas de la cara se extienden más allá de su cabeza, haciendo que parezca tener mechones largos. Se trata de una especie endémica de una zona limitada de la cordillera de los Andes en la región de Amazonas y San Martín en el norte de Perú. Habita únicamente los bosques nubosos con una densa vegetación de maleza y epífitas, entre 1890-2200 msnm. Desde que fue descubierto no volvió a ser visto hasta el 2007, por lo que muchos investigadores consideraron que se había extinguido, debido al pequeño número de ejemplares. Hubieron de pasar varios años para volver a apreciarlo, aunque muy brevemente. Si bien en esa ocasión pudo ser capturado utilizando redes de niebla, fue posteriormente liberado en un árbol, donde se le tomaron las últimas fotografías y grabaron sus llamadas, antes que desapareciera en la oscura noche. En el 2010 fue también observado en La Esperanza en Amazonas, y desde esa ocasión no se le ha vuelto a ver más, aunque si se ha podido escuchar su lúgubre canto, el cual es un suave silbido áspero que se repite cada pocos segundos. Fue una rara oportunidad de volver a apreciar esta especie en su hábitat natural, se cree siendo optimista que su población no supera los 1000, aunque muchos especialistas no creen que llegue a los 250, debido a la indiscriminada destrucción de los bosques. Se sabe muy poco acerca de esta especie y debido a su pequeño tamaño es probable que se alimente de insectos y pequeños roedores. Como podéis imaginar, esta pequeña criatura también forma parte de la mitología de los nativos, para quienes los Wakchas son en realidad almas errantes de niños que murieron en trágicas circunstancias y que con su canto, llaman a sus padres para que los acompañen en el otro mundo, por lo cual son muy temidas y cada vez que los oyen se esconden por miedo a ser “elegidos”. Aunque no pueden ser vistas ya que por su pequeño tamaño suelen esconderse perfectamente en la espesura del bosque, sienten como se aproximan por su aleteo sin dejar de cantar y se ha dado el caso - afirman - que el dueño de la cabaña donde se posan las aves es encontrado muerto al día siguiente, por lo que hay quienes al escuchar a lo lejos que se aproximan, al no poder matarlas, prenden fogatas alrededor de sus casas para espantarlas. Pero ocurre que en ocasiones, sin querer le hacen el trabajo a los búhos ya que el fuerte viento hace que sus chozas se incendien muriendo todos los que habitan en ella. A pesar de todo lo malo que digan acerca de estas pequeñas aves, es imperativo protegerlas de alguna manera, pero el problema es que al no saber donde se ocultan ni cual es su número existente en la actualidad será muy difícil lograrlo. Mientras la leyenda negra continuara.