TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 29 de diciembre de 2015

LOS REYES MAGOS: Sus orígenes continúan envueltos en el misterio

Melchor, Gaspar y Baltasar. Con sólo escuchar sus nombres una sonrisa se esboza en el rostro de miles de niños. Como sabéis, cada seis de enero los regalos inundan muchas casas. Se festeja la llegada de los Reyes Magos a Belén, donde se dice que entregaron tres presentes a un niño recién nacido. Este encuentro forma parte de la tradición cristiana desde prácticamente su origen, aunque ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de los siglos. Por ejemplo, los Evangelios no especifican en ningún momento su condición de reyes. Ni siquiera su número exacto. Y mucho menos cita sus nombres. Entonces, ¿existieron realmente? Los textos bíblicos que se refieren a estos personajes son escasos y ambiguos. El evangelio de Mateo habla de la llegada de “unos magos de Oriente para entregarle unos presentes al niño Jesús”. Aquí, la calificación de magos no se refiere a una condición sobrenatural, sino a una manera de la época de señalar a personas con un conocimiento superior a la media. Normalmente se trataba de hombres sabios que mantenían costumbres paganas para los judíos del momento. Se supone que los Reyes Magos al venir de Oriente, es decir, más allá de Jerusalén, poseían esta condición. Los magos se convierten en reyes a partir del siglo VI, en un intento de dotar al relato de más fuerza y resaltar que las culturas paganas reconocían al nuevo Mesías. Otro aspecto sin aclarar tiene que ver con el número exacto de magos que acudieron a Belén. Se cree generalmente que fueron tres debido a que en el evangelio de Lucas se habla de los regalos -oro, incienso y mirra- que ofrecieron a Jesús. Al ser tres presentes, se asumió que se trataba de tres magos. Sin embargo, en la Iglesia Ortodoxa se habla de un mayor número, llegando incluso a doce los visitantes, pero en la Iglesia Católica se acepto únicamente a tres. Una vez acordado el número exacto de reyes, se procedió a darles un nombre años después. De hecho, la primera representación en la que aparecen los tres personajes con los nombres actuales data del siglo VI. Se trata de un mosaico de la iglesia de San Apolinar Nouvo de la ciudad italiana de Rávena. Este dibujo es muy interesante porque los reyes aparecen con trajes persas. Y es que la procedencia de los magos es otro de los grandes misterios. Algunas interpretaciones posteriores ubicaron a cada rey con una región distinta: Babilonia, Persia y Arabia, por lo que es evidente que partieron por separado y confluyeron cerca de Jerusalén. Según la tradición cristiana, no se perdieron durante el viaje gracias a la misteriosa “estrella” de Belén, que les anunció el nacimiento de Jesús e indicó el camino para llegar. En la actualidad se ha intentado explicar ese fenómeno celeste como una conjunción planetaria o una explosión de una supernova, motivo suficiente para un brillo fuera de lo normal en el firmamento. En cualquier caso, es imposible que realizaran un trayecto tan largo en camellos en sólo trece días, cuando pudo haber sido meses antes de llegar a su destino. Pero, ¿qué fue de ellos? Tras visitar a Jesús y partir subrepticiamente para evitar volver a encontrarse con Herodes – como habían acordado previamente - toda referencia a los magos desaparece de los textos bíblicos. Sin embargo, pocos saben que su tumba se puede visitar en la Catedral de Colonia (Alemania). Según cuenta la leyenda, en el siglo IV, la emperatriz Elena – madre de Constantino - obsesionada por recuperar todas las “reliquias” del cristianismo, viajo a Tierra Santa y encontró los supuestos restos de los reyes magos y los trasladó a Constantinopla. Posteriormente se llevaron a la iglesia de San Jorge de Milán y ya en el siglo XII a la Catedral de Colonia, donde pueden contemplarse hoy en día. Sin embargo, estudios realizados posteriormente a los huesos allí depositados dan cuenta que son de la época medieval y que no pueden ser en modo alguno de los magos. A pesar de tratarse de un fraude - como el llamado Santo Sudario de Turín - la Iglesia Católica persiste en el engaño presentándolos como “pruebas” irrefutables de su fe, valiéndose de la mentira como siempre lo ha hecho desde el inicio de los tiempos. Aún así, la tradición ha logrado imponerse y cada 6 de enero, más de uno espera con ansias que le han traído los Reyes en estas fiestas.