TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 9 de julio de 2019

QUIPUS: Secretos olvidados de los Incas

Como sabéis, la escritura es la representación del lenguaje mediante signos. Desde un sistema primario, constituido la mayoría de las veces por muescas talladas en objetos, se han logrado progresivamente modos de comunicación mucho más elaborados. Sin embargo, cada pueblo no siguió la misma evolución... El Imperio Inca no conoció la escritura fonográfica. Sin embargo inventó un procedimiento mnemotécnico perfeccionado, una especie de cordel con nudos cuya disposición permitía una lectura ideográfica. Gracias a ello, los incas pudieron establecer una contabilidad precisa y, además, conservar la memoria de su pasado en crónicas. En efecto, el sistema contable y literario del Imperio descansaba completamente en el quipu (término quechua que significa "nudo"), que no sólo permitía contabilizar exactamente cualquier cosa, sino también mantener las crónicas de tiempos pasados. Se trata de un cordel de aproximadamente unos treinta centímetros (sin embargo, existen otros más largos) al que se le amarraban hilos multicolores, de los cuales éstos partían otras hebras unidas mediante nudos hechos a distancias variables y en hilos de diferentes colores. El número de nudos y la combinación de colores permitían a los que conocían el sistema perfectamente “leerlo” sin dificultad. Su desciframiento era confiado a los ‘quipumayoc’ usuarios especializados que gozaban de un status especial y tenían numerosos privilegios, entre los cuales el no pagar impuestos. En cada ciudad había varios ‘quipumayocs’ cada uno dedicado a una función diferente. Sin embargo, cabe recalcar que lo que sabemos acerca de este tipo de “escritura” se basa en gran parte en especulaciones en lo que se refiere a la interpretación de estos signos. En efecto, muchos de los quipus encontrados están incompletos. Al menos sabemos que se leían de derecha a izquierda del cordel principal, siguiendo cada hilo que surge. La posición y la cantidad de nudos entregaban información cuantitativa, mientras que los colores indicaban la naturaleza del objeto representado. Así, por ejemplo, un cordel amarillo (maíz) amarrado a un hilo azul indicaba, según el número de nudos y su posición, la importancia de la cantidad de maíz en una provincia determinada. Este sistema permitía a los incas mantener cuentas muy minuciosas de los productos, armas, impuestos e, incluso, calcular el importe exacto del tributo otorgado por los pueblos vencidos. Pero el arte y la historia tampoco escapaban de este sistema. En el cordel principal, un hilo negro indicaba los años transcurridos y entregaba información histórica. Si un hilo rojo era amarrado al cordel principal, representaba el reinado de un emperador durante el período concerniente. Tres nudos en el hilo rojo indicaban que los hechos habían ocurrido en el tercer año de su reinado. De esta manera, Atahualpa fue advertido de la llegada de un ejército (el de los españoles) en mayo de 1532, la cantidad de hombres y de armas también está inscrita en el quipu. ¿Acaso Atahualpa, el último soberano, ejecutado en 1533 por los españoles durante la conquista de Perú, no dijo?: "En este reino, ningún ave vuela, ninguna hoja se mueve, si esa no es mi voluntad". En efecto, el imperio inca era sumamente centralizado, y las diferentes provincias que lo componían debían rendir cuentas al poder central. La extensión del territorio y la organización política requerían la elaboración de un sistema de signos suficientemente complejo para comunicar la información, efectuar cálculos y perpetuar el recuerdo de los sucesos gloriosos de La civilización inca. Cabe destacar que durante el Imperio se crearon miles de quipus, tal vez hasta cientos de miles, mas los arqueólogos sospechan que tras la llegada de los colonizadores europeos, miles fueron quemados por los sacerdotes en su guerra contra la idolatría afirmando que eran instrumentos del demonio, de suerte que, hoy día, se conocen menos de 1,000 ejemplares, encontrados posteriormente en tumbas y excavaciones terminando en los museos, donde los podemos apreciar ahora. Venga ya ¿Algún día se podrán develar sus secretos?