TIEMPOS DEL MUNDO

martes, 26 de septiembre de 2017

SACHAMAMA: Una legendaria serpiente con poderes hipnóticos

Existen muchas leyendas ancestrales en la selva peruana que ni el paso del tiempo las relego al olvido, ya que para los nativos de la Amazonia son una realidad. Una de ellas es la creencia de dos especies de dioses antiguos representados por serpientes antediluvianas de proporciones increíbles: la Sachamama (serpiente de tierra o Madre Tierra) y la Yacumama (serpiente de agua o Madre Agua) que en el caso de la primera, su tamaño llegaría a ser mayor de los 60 metros mientras que la segunda – al cual ya le dedique una entrada en octubre del 2012 - tiene en promedio algo más de 20 metros. Existen registros de avistamientos de Yacumamas donde embarcaciones chocaron con estas mientras flotaban en el rio, incluso la más reciente fue en 1997 donde en nuevo Tacna (a 100 kilómetros de Iquitos) hubo un deslizamiento de más de 500 metros de largo por cerca de 50 de ancho que incluso arraso árboles y que las autoridades atribuyeron el hecho a una de estas especies que según dijeron había despertado de su letargo desde las profundidades de la selva hasta terminar en el Amazonas. Pero las Sachamamas no son menos temidas según cuentan los lugareños, que han tenido la mala suerte de encontrarse con una de esas temibles criaturas. Se trata de una serpiente gigantesca que vive desde hace siglos en las profundidades de la selva, casi siempre en letargo, ya que no necesita esforzarse para cazar porque la sabiduría en los siglos que tiene de vida le confirió el poder del hipnotismo por parte de sus gigantescos ojos brillantes tanto en el día como en la noche, que hacen que cualquier criatura que pase en frente de él caiga en su encantamiento y voluntariamente ingrese a la oscuridad de sus fauces que siempre están abiertas. Es así que como desde hace muchos años en los pueblos de la selva, la caza es una actividad común en que los nativos experimentados ingresan a las profundidades de ella en busca de presas como tortugas, venados o tapires. Sucede que uno de ellos armado con escopeta y machete, se aventuro en medio del bosque, porque no había tenido mucha suerte con las presas. Había pasado una semana y descontento por no haber encontrado nada, se perdió en medio de la espesura. Es en ese momento que el clima se descompone y empieza a llover, por lo que comienza a buscar refugio entre los árboles y es aquí donde encuentra uno de ellos de gran tamaño que por su antigüedad había caído y se encontraba cubierto de musgo, el cual atravesaba de palmo a palmo su ruta. Pensó que era el lugar perfecto para levantar un refugio temporal hecha de ramas y hojas anchas para protegerse de la lluvia que caía intensamente, usando el lado del tronco como pared y armando el resto del refugio cuidando de dejar suficiente espacio para su equipo, asi como para una fogata. Cuando termino el lugar acomodo todo y clavo el machete en el árbol caído, pero véase que un inesperado temblor remeció el lugar, desarmando el refugio y haciendo que todo termine por los suelos. Tuvo que pasar toda la noche volviendo a armar el sitio, hasta que al amanecer, el clima cambio y le permitió descansar, para esto prendió una fogata que le ayudaría a calentarse y preparar sus raciones que ya en ese momento le eran escasas. La fogata trajo calor calentando las piedras que la rodeaban al igual que al tronco, por un momento el cazador se encontraba disfrutando de la calidez cuando un nuevo temblor sacudió nuevamente el lugar y destruyo lo poco que había levantado del refugio, apagando el fuego. Como podéis imaginaros, el cazador se encontraba desconcertado por la mala suerte que tenia, por lo que desistió de levantar de nuevo el refugio y descanso entre los restos caídos esperando la mañana para proseguir su actividad, consternado por el extraño movimiento telúrico nada común en la selva. Y es así que la curiosidad y la espera recayó sobre el árbol en el cual se recostaba, mirando primero distraído los dos extremos que se perdían en la espesura, por lo que quiso saber que tan grande era la extensión del árbol, ya que el largo de su diámetro lo pasaba por mucho. Siguió hacia uno de los lados entrando entre los arbustos y se dio cuenta que se dirigía hacia lo que parecía ser la parte superior, ya que el diámetro iba disminuyendo haciendo más delgado el tronco, pero al llegar al final se dio con la sorpresa de encontrar colinas de huesos que se levantaban por doquier en un claro gigante del bosque, los huesos más recientes eran los que se encontraban cerca al cazador, mientras que los más lejanos podrían compararse a fósiles muy antiguos ennegrecidos por el tiempo. El terror en el cazador fue en aumento cuando su atención se poso en el que hasta ese momento parecía ser un tronco viejo de árbol caído, por lo que con una mezcla de miedo y letal curiosidad se dirigió hacia el otro extremo pasando por su refugio y volviendo a ingresar entre los arbustos. En ese momento pensó que era un árbol de unos 60 metros de longitud, con un diámetro que se hacía cada vez más grande conforme avanzaba, mas al llegar casi al final del otro lado una nueva distracción ocupo su mente. Un venado estaba en un claro justo donde terminaba la base del tronco, por un momento olvido todo lo que había visto y se dijo que si no aprovechaba ese momento no llevaría nada a casa, sin embargo algo lo desconcertó ya que sabía que a la distancia donde él se encontraba y sin arbustos ocultándolo, había sido divisado por el venado que miraba hacia su lado, pero este parecía no temerle, solo lo observaba fijamente con los ojos. Su desconcierto se acrecentó cuando el venado se dirigió hacia el, cambiando de dirección unos pasos antes para ir directo a la base del árbol hasta desaparecer de la vista del cazador, quien decidió seguirlo para saber adonde iba la que consideraba su presa. En un segundo el mundo se le vino encima, cuando reconoció una gigantesca cabeza de serpiente con las fauces abiertas, unos ojos que soltaban un brillo frío, unos cuernos pequeños para su cabeza sobre los ojos que según los conocedores les crece a algunas serpientes cuando alcanzan la vejez haciendo que la vista se vuelva irreal y demoníaca, siempre mirando hacia el claro, atrayendo a cuanto ser cruce y alimentándose así por siempre. El cazador se dio cuenta que unos pasos mas lo hubieran convertido en en un pila de huesos al otro lado del lugar; solo retrocedió y en estado de shock se dirigió a su refugio, recogió sus cojas y caminando como un autómata se dirigió en ruta a su pueblo, mientras comprendió que la suerte estuvo de su lado 3 veces ese día, primero cuando clavo el machete en lo que aparentaba ser el tronco del árbol – cuando en realidad se trataba de la serpiente - y la Sachamama se movió por el dolor ya que aparentemente atravesó su gruesa piel. El segundo fue el fuego que molesto el costado de la serpiente y el ultimo fue el venado que justo por casualidad estuvo presente antes que el cazador se dirigiera a la vista de la Sachamama. Cuando se recupero del susto, relato su aventura a los lugareños, el cual se sumo a otros relatos de quienes también habían tenido la suerte de vivir para contarlo, porque una vez que la Sachamama ve a su presa, se empecina con ella hasta capturarla.